
Artur Bayell vive en una masía de Guanta sin agua ni luz |
"No me arrepiento de nada" dice con voz potente y mirada
vigorosa. Ha conocido el frío de dormir al raso, la dureza de la
legión, el KO del boxeo y la amargura de la cárcel, pero
también la felicidad del pequeño éxito, la paz
interior de la soledad, el amor a la naturaleza y, sobre todo, una libertad
sin límites.
Artur Bayell Sánchez, 43, ha vivido casi 20 años a salto de mata, tocando su guitarra en los bares, exponiendo sus esculturas y haciendo amigos por toda España. Hoy vive solo en una masía cerca de Sentmenat, sin agua ni luz,donde se realiza como artista. |
"Nunca me ha preocupado el dormir, ni la vejez,
ni la seguridad, ni el futuro"
--¿Por qué marchó de Sabadell?
-- O marchaba o me suicidaba.
--¿Y eso?
--Las cosas me fueron mal. Yo era anudador y pasador textil, pero regalé
mi empresa a uno que hoy se ha hecho millonario.
--¿Pero qué pasó?
--Me tocó el Sáhara y me apunté a la legión,
en plena marcha verde, por vivir el desierto y la marihuana. Pero sólo
aprendí técnicas de matar. Pelé muchas guardias y
lloré mucho, pero no me dieron ni un permiso y perdí una
mujer de la que estaba enamoradísimo.
--¿Y?
--Al volver de la mili me encontraba tan solo que una hippy de Castellar
me hizo un par de masajes que había aprendido en la India. Me tuvo
quince días en su casa, hipnotizado con una terapia extraña,
y salí de allá como nuevo. No la he vuelto a ver, pero
siempre me acordaré de ella. Me ayudó mucho.
--Y se fue a ver mundo.
--Con un solo objetivo: encontrar la inspiración musical y escultórica.
He recorrido los pueblos más insignificantes de toda España,
Toledo, Canarias, Baleares, las Alpujarras. En todas partes he captado
inspiración y he moldeado mi personalidad.
--¿Dónde dormía?
--El dormir nunca me ha preocupado. Ni la vejez, ni la seguridad, ni
el futuro... Yo he dormido bajo un árbol o una barca, en pensiones
cutres o en hoteles de lujo. Pero sobre todo en casas de amigos. Tengo
amigos en toda España y estoy muy contento de ello.
--¿Y comer?
--Con lo que ganaba en pubs tocando la guitarra. Pero eso es secundario.
Yo buscaba lugares inhóspitos donde realizarme y sentirme libre.
--Pues pasó tres meses en la cárcel.
--Tres meses que jamás olvidaré. Primero me incomunican
una semana en Motril en una celda asquerosa con mantas meadas, luego en
la prisión de Almería y Granada, con asesinatos con cucharas
afiladas, peleas en el patio y yo golpeándome la cabeza contra la
pared cada dia para hacerme respetar.
--¿De qué le acusaban?
--De cometer un atraco con un coche que yo había vendido dos
años antes. No me soltaron hasta que mi amigo de Sabadell, Jep Cardona,
fue a Granada con todos los papeles en regla. Le deberé ese favor
toda la vida.
--Y hoy vuelve a Sabadell.
--Esta masía es un lugar salvaje, de inspiración total.
Y alto, para veros a todos sin que vosotros me veáis a mi, je-je.
Vivo como los primitivos y me gusta. Me despierto feliz cada mañana
que es lo más importante.
--¿Pero de qué vive?
--Me trajeron dos gallinas cojas para que me las comiera, pero me daban
tanta pena que las curé y ahora me quieren tanto que no me
las puedo comer, je-je, pobrecitas. Como arroz...lo que hay.
--No le falta un buen canuto.
--Ja-ja-ja. Eso siempre. Desde los 9 años. Me va muy bien para
trabajar, para inspirarme, para relajarme. Es mucho mejor que el alcohol,
las pastillas y otras porquerías mayores.
--¿No bebe?
--La Voll Dam me gusta mucho, sí. Y cuando bajo a Sabadell siempre
cae alguna. Pero controlando mucho porque cada dia hago 15 minutos de yoga,
eh? De joven, en Sabadell, había practicado hasta el boxeo. Lo dejé
justo antes de un combate en que estaba clarísimo que me iban a
partir la cara, je-je.
--Los que viven según sopla el viento suelen dejar un rastro
de personas heridas.
--Si he herido a alguien no era mi intención.
--¿Cuántos dirán hoy ‘qué hace
ese caradura en el diario’?
--Nadie porque ni he robado ni he hecho ningún daño.
A mi sí que me han robado. Me han robado el tiempo.
--Filósofo.