
Las vidas de Matilde Valladares y el Nen Jesús han ido paralelas |
Ha estado 41 años en la Clínica del Nen
Jesús, es decir toda la vida. Trabajaba en ella incluso un año
antes de fundarse. Sin apenas estudios, su entusiasmo y entrega la llevaron
primero al cargo del Servicio de Recuperación y luego a Jefa de
Quirófano. La Clínica fue su familia, su hogar y su escuela
de la vida.
Ayer, la ATS Matilde Valladares Ruiz, 64, pura leyenda viva del Nen Jesús, no podía soportar el dolor del traslado al Parc Taulí. El desgarro interior apenas la dejó dormir. |
"Pensé que si me abrían un expediente
por hablar con los niños estaría muy contenta"
--¿Cómo se siente?
--Muy triste. Me sabe muy mal. Aquello era mi casa, la he visto nacer,
la he visto subir y... la he visto bajar.
--¿Qué quiere decir?
--Es como el que desmonta una casa. La habíamos mimado tanto
entre todos...
--¿Hoy Sabadell gana o pierde algo?
--Para mi pierde un lugar de intimidad, con un ambiente muy familiar
y una calidez humana que ya nunca volverá.
--Ni siquiera ha querido ir allá para la foto.
--No, no. Fuí el pasado junio porque venían
compañeras
de toda España y ya me costó mucho. Aquello ya no era lo
que yo tanto amé. Por poco que pueda nunca volveré
allí.
Quizás con el tiempo venceré esa sensación pero,
mientras
tanto, quiero recordar el Nen Jesús como lo que fue.
--Dicen que los niños estarán ahora mejor atendidos
--No sé como los ubicarán, no puedo decirlo. Lo que
sé
es que antes se pasaban el dia jugando con nosotras. Se lo pasaban tan
bien que muchos no querían volver a sus casas. Recuerdo un padre
que incluso compró una mesa como las nuestras para que su niño
comiera en casa.
--¿De qué años me está hablando?
--Antes de que llegara el Taulí. La época más
bonita fue cuando la regentó la Caixa de Sabadell. Nunca nos
faltó
de nada. E incluso antes estaba muy bien. Sin dinero, pero muy bien.
--¿Puede funcionar una clínica sin dinero?
--Sí. Había meses que no nos podían pagar y la
señora Marcet nos daba un corte para una falda y nosotras tan
contentas.
--Con una falda no se compra pan.
--Daba igual. Yo vivía allá. Y estaba como quien va a
misones en plena Africa. No esperaba nada.
--Fue feliz, vaya
--Mucho. No tengo ningún mal recuerdo. Hasta pasábamos
allá todas las navidadades para estar juntas.
--Algún momento triste habrá.
--Cuando se nos murió un niño de muerte súbita.
Explicarlo a los padres fue muy duro. Pero en general todo era felicidad.
Volvería a empezar ahora mismo.
--¿No la tendrá muy idealizada?
--No. Aquella clínica la empezaron cuatro doctores, el
Argemí
padre, Sala, Simó y Colom, que no cobraban por su trabajo. Y si
convenía operaban a las 3 de la madrugada. Ese era el
espíritu.
--Más el espíritu religioso que aportaron las
monjas.
--Sí un espíritu cristiano que se mantuvo hasta hace
poco. A mi me ayudó mucho a amar a los niños.
--¿Tan bien les trataba?
--Como a mis hijos. Una vez un superior me dijo que no perdiera tanto
tiempo con ellos, que no hacía falta hablarles para que se durmieran
ni mimarles tanto al entrar a quirófano.
--¿Qué respondió?
--Nada pero pensé que si me abrían un expediente por
hablar con los niños estaría muy contenta.
--¿Quien era usted hace 42 años?
--Una jovencita que tuvo que venir a Sabadell porque en Barcelona sus
padres granadinos no podían alimentar a los nueve hijos.
--¿Cómo entra esa chica en el Nen Jesús?
--Porque en la familia donde me tenían conocían a la
señora Marcet, la esposa del alcalde, que fundó aquel
Sanatorio
de Niños Tuberculosos. Me insistió a que fuera y fuí.
--¿Qué hacía?
--De todo, comprar, cocinar, organizar la ropa, distribuir el trabajo
entre las señoras de la limpieza y enseguida, también de
enfermera auxiliar. Todo eso en 1955.
--¿En 1956 se fue a vivir allí?
--Sí, con todo un grupo de señoras voluntarias. El
edificio
no tenía ni puertas, pero nosotras estábamos llenas de
ilusión.
--¿Y empezó a estudiar?
--Sí, primero enfermería en Barcelona, pero como no
tenía
ninguna base, tuve que estudiar el Bachillerato. Me levantaba a las 6 para
bajar a pie al centro, estudiar y luego subir otra vez a pie hasta Ca
n´Oriac
para hacer mi trabajo.
--Ahora será una residencia de ancianos. ¿Se imagina
acabar allá?
--¡Pues no me sabría nada mal! Si nos han de cuidar tan
bien como nosotros cuidábamos a los chavales, perfecto: el espacio
, el patio, el edificio soleado ... todo era perfecto.
--Volverá a serlo.