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Rosario Martin, viuda de camionero «Los camioneros, si quieren, pueden encontrar al que mató a mi marido» 19/07/2000 |
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A tres meses y medio del accidente mortal de su marido, atropellado por un camión que se dio a la fuga, el dolor que le causa su ausencia aún sigue creciendo. Pensar que se pudo haber salvado de haber recibido asistencia al momento, en lugar de encontar su cadáver 17 horas después, le desgarra el alma. Por eso hoy, la vecina de Ca n´Oriac, Rosario Martín Rodríguez, 49, madre de cuatro, hace un llamamiento a todos los camioneros de España, compañeros de su marido, Antonio Tovar, para encontrar al que le mató. |
-¿Qué gana usted sabiendo quién le mató?
-Explicar eso es dificilísimo. Mucha gente no me entiende, ni siquiera mis hijos. Pero es como una necesidad. Si ese conductor pagara lo que ha hecho, no sé, me parece que me quedaría más tranquila.
-No lo hizo expresamente.
-Eso ya lo sé. Pero huyó. Si le hubiera auxiliado, quizás le hubiera salvado, pero le abandonó y mi marido estuvo ahí todo un dia, tirado en una cuneta, como un perro. Nadie merece morir así.
-¿Seguro que se dio cuenta?
-Sí. La policía no tiene ninguna duda. Tuvo que notar un gran golpe, porque mi marido pesaba cien kilos. Y el faro roto lo vería enseguida. Si no paró a mirar, es que sabía que había atropellado a una persona. Siempre me quedará la duda de si estuvo unos minutos o unas horas pidiendo auxilio.
-¿Busca compensación económica?
-No. La pensión ya está arreglada. Ni siquiera busco venganza. Sólo quedarme más tranquila.
-¿Qué pasó el miércoles 12 de abril?
-Según las diligencias de la policía, hacia las 11 de la noche mi marido paró el camión frente al restaurante Venta de Santa Lucía en la Nacional II de Pina de Ebro (Zaragoza).
-¿Para cenar?
-Y para ver la segunda parte del Real Madrid-Espanyol, la ida de la semifinal de la Copa del Rey. Un partido muy emocionante que recordarán muchos camioneros, sobre todo los que son del Madrid como él.
-¿No llegó a entrar al restaurante?
-No. Al cruzar la carretera miró a la izquierda y no vió que por la derecha, a su espalda, venía otro camión que estaba adelantando a toda velocidad e invadiendo incluso el arcén contrario. Le golpeó por la espalda, salió despedido y cayó entre los matorrales con una fuerte hemorrragia por la boca. Ya no se movió más.
-¿Cómo sabe que era un camión lo que le arrolló?
-Por tres motivos. Primero el forense afirma que un turismo le hubiera roto las piernas y no las tenía rotas. Segundo, los cristales rotos encontrados por la policía corresponden al faro de un Renault Magnum.
-¿Y tercero?
-Y tercero, un compañero se cruzó un poco más abajo con un Renault Magnum que llevaba roto el faro del piloto. Todo coincide.
-¿Tan difícil es dar con ese Renault Magnum?
-No debería serlo porque son trailers enormes, tan espectaculares que les llaman «las cosechadoras», y hay muy pocos. La policía avisó inmediatamente a todos los talleres donde se pudiera reparar ese faro, pero sin resultado.
-¿Podría ser un camión extranjero?
-Sí porque es camino de Francia. Si lo es, va a ser difícil dar con él. Pero los camioneros, si quieren, pueden encontrar al que mató a mi marido. Tienen emisoras, saben organizarse. Los clientes habituales de esa Venta tienen que saber algo.
-Quizás la famosa nobleza de los camioneros, incluye no delatarse entre ellos.
-Pues que no le delaten. Pero que le convenzan de que se presente.
-¿Por qué no ha hablado hasta ahora?
-Porque dice la policía que, a veces, los que se dan a la fuga terminan entregándose. Pero ya llevamos tres meses y ese camionero sigue ocultándose.
-¿Confía aún en los camioneros?
-¡Claro! mi marido lo era.
Claro.
«DOLOR A- Lo que rompe el corazón es ver cómo se desmonta en cuanto le doy al stop de la grabadora. Ya no puede fingir serenidad por más tiempo y deja salir un dolor insoportable, irreprimible. «Los primeros dias estás como atontada, no te das cuenta de nada. Pero ahora, a los tres meses, cada dia siento más su ausencia. Pienso en lo que pasó 30, 40 veces al dia». |
Ver a su hijo menor, Toni, de 11 años, le duele más todavía. «Nos veíamos tan poco que el fin de semana estaban padre e hijo todo el dia juntos, loquitos por verse. Sólo eran felices pegados el uno al otro». Ahora, los fines de semana, Toni deambula silencioso por la casa. |