Alberto Urdiales: Caperucita Roja

«Yo explicaría el cuento

con una loba y un caperucito»

16/09/2000

La exposición Caperucita ilustrada que fue un bombazo en la Biblioteca Nacional de Madrid en 1998, ha entrado ahora a Catalunya por Sabadell y un centenar de caperucitas rojas de otros tantos ilustradores españoles pueden ya admirarse en la Caixa de Sabadell. En noviembre viajará a la Biblioteca de la Santa Creu de Barcelona.

Su comisario y alma de tan divertida idea es el presidente de la Federación Española de Asociaciones de Ilustradores, Alejandro Urdiales Valiente, 52, profesor de dibujo y autor de la caperucita más irreverente de toda la exposición

 


-Con tanta versión moderna uno ya no se aclara. ¿El lobo se come o no se come a Caperucita?

-Pues claro que se la come. Primero a la abuela y después a ella. Sin conmiseración

-Hasta que vienen los cazadores y...

-Nada de cazadores. Eso de los cazadores es un invento de los Hermanos Grimm que encuentro atroz porque es prepararles en la cultura de las armas. Pero en la versión original de Charles Perrault el cuento se acaba con la muerte de Caperucita.

-Pero eso es un final muy triste.

-Pues hay que contarlo así.

-¿Y la pesadilla de esa noche?

-Una pesadilla de vez en cuando nunca está mal, es casi necesaria.Ya está bien de edulcorar los cuentos infantiles. A los niños no se les puede ocultar el drama de la vida. Siempre que nos dirigimos a un niño lo pasamos todo por el tamiz del humor y la ñoñería lo que me parece extremadamente torpe y mentiroso.

-¿De verdad es tan grave es?

-Claro que sí. Les estamos escamoteando los sentimientos. Ya no hay dolor en ningún cuento y el dolor es algo real. Hay que recuperar el drama, el sentimiento...

-¿Como lo cuenta usted a sus hijos?

-Mi hijo ya está casado, pero... no sé yo si contaría un cuento así a mis niños. Es como un castigo innecesario. Y si lo hiciera, cambiaría el sexo de los personajes.

-¿Qué significa cambiaría el sexo?

-Pues el caperucito y la loba, así desaparece toda connotación sexista de esas que arrastramos desde hace 2000 años. Lo mejor es hablar de una princesa a caballo rescatando anillos mágicos y el príncipe esperándola en su castillo.

-¿Por eso ha pintado una Caperucita con pene y testículos?

-Pues sí (ríe). Es un niño.

-¿Cuál es su relación personal con Caperucita?

-Mi interés real por Caperucita comenzó al recibir las ilustraciones de todos esos autores españoles que respondieron a la convocatoria de esta exposición. Aquella variedad de temas y estilos me abrumó y decubrí que Caperucita es un producto social.

-De la Caperucita de 1863 a la de ahora va un trecho, ¿no?

-Primero era esa niña de pueblo, rústica, inocente, primitiva. A mediados de este siglo el personaje evoluciona hacia un fuerte sexismo.

-¿En qué se nota?

-Se nota en las faldas, en los rizos, en los amaneramientos, en los movimientos. En los 70 pasa de muñequita cursi a ser una Barbie, sexo puro, una melena rubia de piernas largas. En los 90 ya hay caperucitas de todos los colores y aparecen otras imaginerías mucho más variadas, feas, mayores y otras locuras.

-¿Cuál imaginó Perrault?

-La niña rústica, auque Perrault escribía esos cuentos para la infanta, que ya tendría sus 19 años, sus amiguitas y sus institutrices, es decir, para un ambiente más adolescente que infantil.

-¿Qué opina de las numerosas interpretaciones freudianas que atribuyen un fuerte componente sexual al cuento?

-Para eso no hace falta recurrir a Freud. El propio Perrault deja claro en la moraleja final «tengan cuidado las jovencitas con los señores que meten en sus habitaciones, sobre todo si parecen caballeros refinados... pues no hay que extrañarse de que a tantas el lobo se las coma».

-¿Por qué Caperucita Roja es la madre de todos los cuentos?

-Porque recoge de forma subliminal, pero estupendamente, lo que la sociedad quiere hacer con sus niñas. Cortarlas desde un principio. La niña la pata quebrada y en casa.

Para comerte mejor

 

 

 


 

«ESCLAVO ILUSTRADOR

«Quizás es culpa nuestra, de los ilustradores, que somos tan artistas que olvidamos la parte corporativa. Pero desde luego la situación de la profesión en España es una vergüenza».

La vergüenza es el trato que empresarios y editores dan a los ilustradores.

«Si trabajas en casa y por horas, cuando te bajan los precios no te queda más remedio que trabajar el doble. Por eso hay cantidad de gente que dibuja quince horas diarias para sacarse un jornal de limpiador de cristales».

El artista suele ser tan introvertido que siempre saca tajada el de arriba, dice Urdiales.