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Cristóbal Corredor: la guerrilla de Abu Sayyaf «Un encapuchado me hizo el signo de cortarme el cuello» 26/09/2000 |
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El fotógrafo de Ca n´Oriac, Cristóbal Corredor Navarro, 28, acaba de regresar Filipinas, donde ha vivido la tensión que provoca la guerrilla islamista Abu Sayyaf que ha mantenido secuestrados a una docena de occidentales durante medio año. |
-¿Cómo llegaste a Filipinas?
-Por el misionero claretiano, Calvo, al que conocí aqui en enero en una conferencia de Manos Unidos. Comimos juntos y me dijo que si quería ir a Filipinas, él me atendería.
-¿Lo ha hecho?
-Sí. Acabo de pasar 40 dias entre las islas de Zamboanga, donde está él, y Basilan, que es la más próxima a Joló, donde estaban los secuestrados de la guerrilla.
-¿Tan grande es esa isla que se pueden ocultar un grupo de guerrilleros con sus prisioneros durante seis meses?
-No. Apenas tendrá 12 kilómetros, pero Abu Sayyaf tiene lanchas superrápidas, túneles secretos, se mueven de noche.
-¿Cómo lo viviste?
-Con el miedo a que interviniera el ejército. Todo el mundo lo estaba esperando. Decían que en cuanto se pagara un millón de dólares por cada secuestrado occidental, el ejército entraría a saco como así ha sido.
-¿Pero no piden la independencia?
-Hay mucho dinero por medio. Para el tráfico de armas. Pasar del machete al fusil ha sido un paso muy importante para Abu Sayyaf.
-¿Cómo pudieron escapar esos dos franceses?
-Por el ejército. De repente hay un tiroteo, mueren civiles, nadie sabe quien ha matado a quien y hay mucha confusión.
-¿La notaste?
-Sí, pero yo estaba en Basilan, a media hora en barca de Joló porque en Joló hay ley marcial y no se podía ir. Pero en Basilan conviví con los familiares de los guerrilleros e incluso con muchos de ellos.
-¿Tuviste problemas?
-Recibí varias amenazas de muerte por ser europeo. Un hombre encapuchado se dirigió a mi y me dijo «los míos te van a matar» y me hizo el signo de cortar el cuello.
-¿Qué hiciste tu?
-Le hice una foto.
-¿Se dejó?
-Sí, al final hasta se quitó la capucha y todo, para salir más guapo. Yo estaba en esa comunidad musulmana invitado por el líder así que ya imaginaba que no me iban a hacer nada.
-Nada, sólo secuestrarte.
-Eso sí porque era el único europeo de la isla. Todo el mundo me lo decía. Ni siquiera hay misioneros porque ya los han trasladado todos a Zamboanga.
-¿Cómo podías sentirte seguro?
-Porque el obispo, que es claretiano y amigo del padre Calvo, nos puso escolta y nos dejó un Toyota 4x4, con chófer. Una periodista holandesa y yo estuvimos siempre acompañados por tres soldados del ejército armados con fusiles M-16.
-¿Desde cuándo la Iglesia da órdenes al ejército?
-Allí la Iglesia es muy poderosa.
-¿Cuál era el ambiente?
-De mucho miedo. El ejército te cachea en cada esquina. Todos los comercios tienen un segurata con metralleta y te registran en cada bar y restaurante. Oyes tiroteos por la noche y el conflicto entre musulmanes y cristanos está a flor de piel.
-¿Violento?
-Mucho. Hice un reportaje fotográfico de una comunidad cristiana en la que sólo quedaban viudas y huérfanos. A todos los hombres cristianos los habían matado los guerrilleros musulmanes.
-¿Tu mejor foto?
-El reportaje de los niños de la calle de Zamboanga. Roban, venden tabaco o vigilan coches y tienen un chulo que les «protege» a cambio de un porcentaje. Dormí con ellos.
-¿Sirve aún el castellano?
-Sólo en Zamboanga donde hablan un castellano antiguo, el chabacano. Te tratan de vos, pero te entiendes genial con ellos. Es divertido porque se piensan que tu has estudiado su idioma y te invitan a todo.
-¿Recomendarías tu viaje?
-No, a nadie. Sólo en Manila todo es corrupción, delincuencia, drogas y turismo sexual. Y en las islas, tráfico de armas y mucho pirata musulmán.
El paraíso, vaya.
«ESTAR EN EL TELEDIARIO « Quería vivir las imágenes del telediario, pero desde dentro». Eso es lo que impulsó a este jóven sabadellense vecino de Castellar del Vallès a lanzarse a una aventura de la que ha salido ileso por casualidad. Educado en el colegio Miquel Carreras, estudió mecánica del automóvil en FP, pero no valía para eso, |
lo dejó todo y probó con la fotografía publicitaria. Pero también se le quedó corta y, en cuanto ha visto la oportunidad del reportaje adrenalínico, no lo ha dudado y se ha lanzado sin red. Hoy se reconoce enganchado y ya prepara su viaje al infierno de Medellín. |