Narciso Rebollo, ataquinero

«En los pueblos de al lado no se creían que iba a venir Pujol»

6/12/2000

En el 1900 el pueblo de Valladolid, Ataquines, recibió la fortuna de 40.000 pesetas de Foment del Treball para reconstruir un barrio devastado por las llamas. Desde entonces en Ataquines no sólo no acusan a los catalanes de agarrados, sino que, al parecer, nos aman.

Para demostrarlo, el ataquinero Narciso Rebollo Valero, 72, se casó con una sabadellense. Fue empleado del Banco Hispano de la Rambla y vive en Sabadell desde hace 47 años. Este septiembre vivió la visita de Pujol a Ataquines para conmemorar el centenario.

 


 

-¿Cómo fue el incendio?

-Parece que empezó con la estufa de la escuela y arrasó 37 casas. La gente se alojó en la iglesia donde incluso nació una niña. Enseguida la llamaron la Correspañas porque todos los periódicos de España hablaban de ella.

-¿Tanta resonancia tuvo?

-Sí porque fue una catástrofe bastante grande. Por eso el Foment de Treball de Barcelona nos ayudó. Su presidente hizo una colecta aportando él las primeras 1.000 pesetas y recogieron 40.000.

-Con las que construyeron un barrio de 37 viviendas. ¿Aún existen?

-El barrio de Catalunya que le llaman. Lo han embellecido mucho. Sólo queda una casa por renovar. Con su Plaza Catalunya, su calle Fomento, su calle Círculo Mercantil, su calle Passarell, su calle Rusiñol...

-¿El escritor y poeta?

-No, no. Passarell y Rusiñol eran el presidente y fundador del Fomento.

-¿Qué se le había perdido a Foment en Ataquines?

-Lo hacían para que se viera que Catalunya no estaba tan distante del resto de España. Ya sabe usted que a veces dicen «ah mira los catalanes tal».

-Sí, lo sé.

-En fin que lo hicieron con carácter benéfico de ayuda y solidaridad.

-¿De verdad no tenía Foment negocios por ahí?

-En el pueblo no. En la provincia quizás... Claro, como aquello es ganadero, intervenía el asunto de la lana que podría ser la materia prima del textil.

-Claro que lo es.

-Sí, sí, pero la gente del pueblo aún ahora estamos muy agradecidos. Y de la emigración la mayor parte se ha venido a Catalunya. Sobre todo a Manresa, aunque en Sabadell somos unos pocos.

-Y usted va y se casa con una sabadellense.

-Pues sí y se encuentra ella tan bien allá y la quieren tanto que cada verano nos quedamos más meses. La llaman la catalana, pero con cariño.

-¿Realmente en Ataquines quieren a los catalanes más que en otros pueblos de Valladolid?

-Sí, sí, ya lo creo. Hasta hay atquineros del Barça. Más del Madrid, la verdad. Pero del Barça no se crea que también hay bastantes.

-¿Cómo se recibió a Pujol?

-Muy bien. En los pueblos de al lado no se creían que una personalidad tan importante fuera a venir a nuestro pueblo. Decían: «Huy, ya veremos si será o no el auténtico». Y otros decían «a ver si aún va a venir a pedir».

-Usted le defendería.

-Claro. Yo decía «No pidas a quién pidió. Si nosotros le pedimos a él hace cien años...»

-¿Habló con él?

-Sí. Primero buscó a mi mujer y cuando la encontró dijo «A tu et volia jo veure!, que et vaig veure ahir per TV3», porque habíamos salido en el Telenotícies. Estuvimos charlando un rato con él y salimos en la portada de El Norte de Castilla.

-¿Qué sensación dejó?

-Todo el mundo quedó impresionando de lo sencillos que eran. Hablaron con todo el mundo.

-¿Un orgullo para Ataquines?

-Y un honor porque el presidente de la comunidad, Juan José Lucas, se le quería llevar a comer a Valladolid y le dijo que no. Que había ido a Ataquines y se quedaba a comer en Ataquines. ¡Si durante la comida un chico del pueblo que canta muy bien les cantó una canción dedicada y todo! A él y a la Ferrusola.

-Agasajo total.

-Claro y le nombraron hijo adoptivo y le invitaron a la matanza del cerdo que se hará en febrero.

Catalanes invitados.

 


 

«POLEMICA LENGUA

El señor Rebollo siente tener que admitir la confusión que existe fuera de Catalunya con el tema de la lengua y el bilingüismo.

«Antes de venir Jordi Pujol decían en mi pueblo pero si no se le va a entender nada. Y yo les decía pero mira que sois ignorantes, ése señor cuando va a un sitio sabe

hablar en el idioma de ahí. Y después decían sorprendidos pues mira, se le ha entendido todo».

Hace años, cuando iban con los niños, los ataquineros se quedaban admirados «parece mentira lo listos qué son. Tan pequeños y ya hablan catalán. Y mi mujer les decía ¡pero si lo raro es que hablen castellano!».