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Pilar Fenoy, hija y hermana de pilotos de ultraligero «Que la gente no tenga miedo a volar» 17/7/2001 |
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El ultraligero se llevó a su padre, el pionero Diego Fenoy, hace seis años. Cuando aún se medicaba por esa ausencia que todavía sufre, este sábado, también el ultraligero se llavaba a su único hermano, Juan Diego Fenoy, de 23 años, en su campo, el Can Moragues de Castellar. El dolor de Pilar Fenoy Rodríguez, 26, empleada en la escuela de pilotos Tadair del Aeropuerto de Sabadell, era ayer inconsolable, pero rodeada de buenos amigos que la apoyan, respondió a esta entrevista para dar un mensaje. |
-¿Cuál es ése mensaje?
-Que la gente no tenga miedo a volar.
-¿Lo dices después de que el ultraligero haya arrebatado la vida a tus dos familiares más próximos?
-Mi pade no murió volando en ultraligero, sino en helicóptero cuando intentaba rescatar un ultraligero.
-Pero tanta coincidencia da imagen de peligrosidad al ultraligero.
-No es peligroso para nada. Y menos para él que lo sabía llevar perfectamente.
-¿Heredó la afición de tu padre?
-No porque no le salió el instinto de volar hasta dos o tres años después. Un dia fue a cementerio y le pidió a mi padre que le ayudara a ser como él. Al dia siguiente se despertó diciendo que quería volar y de ahí le cogió la afición.
-¿Qué le decías tu?
-Que no lo hiciera. Para mi era muy duro porque yo no soporto ir al campo de Castellar por lo de mi padre. No me siento capaz de ir allá arriba. Pero él insistía, quería aprendre a volar como fuera.
-Pero se salió con la suya.
-Sí, pero sin mi ayuda. Yo le veia tan crío y tan inocente que sólo le decía Juan Diego, por favor no. Pero a las primeras clases, su instructor ya decía que lo llevaba dentro. Que volaba igual o mejor que su padre.
-Y se convirtió en el director del Club Ales Catalanes.
-Sí, enseguida empezó a gestionar su legalización, llevaba los hangares y la escuela. Y ahora se estaba sacando el título de instructor para dar clases él mismo.
-¿Qué va a pasar ahora con el campo?
-Yo no me veo capaz de llevarlo. Quizás alguien quiera.
-¿Cómo te explicas el accidente?
-No lo sé porque él volaba muy bien. Todo el mundo dice que volaba estupendamente. Seguramente se le rompió un cable o algo para caer en picado como cayó.
-¿Qué se sabe?
--Que estaba probando un ultraligero de un amigo que había tenido problemas. Tanto él como mi padre siempre decían que con un avión así era imposible hacerse daño. Son muy seguros y a menos que hagas alguna imprudencia...
-¿Hay esa posibilidad?
-No porque él en cuanto se ponía a los mandos se ponía serio y se centraba sobre todo en la seguridad. Tuvo que ser un fallo mecánico.
-¿Subirías a un ultraligero?
-Sí. Me subí muchas veces con él y con mi padre y no le tengo ningún miedo. Volvería a subir con quien fuese. Incluso me gustaría.
-¿Cómo era Juan Diego?
-Muy bueno. Un poco bruto, pero toda la familia lo quería mucho. Tenía muy buen corazón. Y yo lo quería muchísimo, muchísimo. Era lo mejor que tenía en este mundo. Si nos enfadábamos, enseguida nos llamábamos para hacer las paces.
-...
-Y encima se ha ido de la misma manera que mi padre. Y me han dejado sola, aqui, los dos. Lo que más siento es no haberle dicho lo mucho que le quería. El ya lo sabía, pero me quedo con eso ahí dentro, no habérselo podido decir.
-Díselo igualmente.
-¿Y de qué me sirve ahora si no lo puedo abrazar? Ni a él ni a mi padre.
-¿Te consuela saber que están juntos?
-Ojalá. Es lo único que me queda. Le pido a Dios que estén juntos. Aunque, la verdad, ya no sé si creer en Dios. Pero si existe Dios le pido que estén juntos él, mi padre y mi abuelo, las tres personas más importantes de mi vida.
-¿Cómo te enteraste?
-Estaba cenando en Castellar con unos amigos, me llamó por teléfono el gestor y cuando ví su nombre en el móvil a esa hora ya me puse a temblar. No me dijo lo que había pasado. Sólo que fuera corriendo al campo porque tu hermano... tu hermano... y ya me puse a llorar.
-¿Cómo lo lleva tu madre?
-Parece muy entera, pero seguro que lo lleva por dentro. Está como yo, no se lo acaba de creer.
-¿Y tu?
-Yo estoy hundida. Esta mañana el psiquiatra me ha dicho que siguiera tomando las pastillas. Yo ya estaba en tratamiento por lo de mi padre.
-¿Seis años en tratamiento?
-Siempre lo he ido arrastrando. Desde que él murió nunca había conseguido ser realmente feliz y ahora que empezaba a recuperarme... pasa esto. Es que son dos personas ¿sabes?, es que como si alguien estuviera ahí pinchando y pinchando.
Cuidadla
«DESTROZADA Su dolor era previsible, pero no ese estado de desgarro absoluto. Habíamos quedado a las 4 de la tarde y yo tenía mis dudas. «No vendrá» me decía disculpándola. Pero vino y no había lugar a dudas de que era ella. Una joven desencajada apoyada en el brazo de su compañero, un piloto, |
entraba en el Café de Roma y se dirigía directamente hacía mí: «lo hago por él». Las lágrimas que no dejó de derramar durante la breve entrevista apenas empañaron la lucidez de su discurso. |