Júlia y Manel vivieron el atentado desde el pie de las Torres Gemelas

«Era nuestro viaje de novios y ha sido la peor experiencia de nuestra vida»

19/9/2001

El dia 7 se casaban en la Salut y el dia 9 volaban en viaje de novios por EEUU con final romántico en las Islas Vírgenes. Pero el dia 11, les tocó sufrir el peor atentado terrorista de la historia como testigos de primera línea.

El domingo TVE les entrevistaba como los turistas españoles que más de cerca vivieron el atentado terrorista y pasó las imágenes filmadas por el recién casado, Manuel Serra.

Diari de Sabadell publicaba el sábado que la que fue Miss Sabadell en 1993, Júlia Castel, havía visto el desplome de las torres gemelas desde lejos y con serenidad. Era mentira. La mentira piadosa que contaron a sus familiares, y ellos a D.S., para darles la tranquilidad que no tenían.

 

VICTOR COLOMER

 

Huir de los cascotes

Lo cierto es que lo vivieron desde la misma base de las Torres Gemelas y tuvieron que huir a toda prisa de los cascotes que les caían del cielo entre una multitud alocada y presa del pánico.

Ayer, por fin en su domicilio de la calle Sant Sebastià de Sabadell, tras un largo vuelo transatlántico, Manuel Serra mostraba las imágenes de su vídeo doméstico mientras Júlia, normalmente comunicativa, apenas asentía con la mirada.

«He vuelto muy triste por todo lo que he visto. Muy triste y enfadada», comentaba Júlia desde una aparente serenidad. Se niega a ver las imágenes filmadas por su marido, que aún le impresionan, y se negó a comprar las camisetas con las torres ardiendo que ya vendían al día siguiente por las calles de N.Y «porque son de un morbo cruel e insoportable».

El dia 11 se levantaron pronto para visitar la parte del Downtown pendiente. «Afortunadamente el dia anterior ya habíamos hecho el turista en las Twin Towers, habíamos subido al últimos piso y nos habíamos hecho las fotos de rigor», recuerda Manuel Serra.

Tras un breve recorrido en autobús turístico, se apearon y, a cuatro manzanas de las Gemelas, optaron por andar en vez de tomar el metro en las Gemelas. «Quizás eso nos salvó la vida, dicen hoy.

Pronto vieron multitud de papeles volando. «Vamos a ver propaganda a lo grande, a la americana», bromeraron. Y se acercaron hasta comprobar que se trataba de documentos de empresa, papel sinfin deimpresoras y demás material de oficina. No habían oído el impacto del primer avión, pero enseguida se percataron del incendio en la primera torre. Sin dejar de filmar en vídeo, se siguieron acercándo a las Torres recordando la película El coloso en llamas.

Como ellos, la gente de la calle miraba al aire y llamaban por móvil a sus familiares con tranquilidad.

Un ruido infernal

De repente se oyó el impacto del segundo avión. «Un ruido horroroso, infernal terrorífico que no olvidaré mientras viva» dice Júlia Castel.

Alzaron la mirada, vieron la llamarada e inmediatamente empezaron a caer cascotes del cielo, pedazos de madera, hierro, cemento, vidrio y otros materiales. «Yo me quedé petrificada, inmóvil, dice Júlia, no supe reaccionar. Pero él me tomó por el brazo y echamos a correr. Todo el mundo corría entre gritos, gente caída, nosotros saltando sobre la gente. No paramos hasta hallarnos a cuatro manzanas de las Torres».

Descansaron junto al mismo edificio de la bolsa en Wall Street, de donde se evacuaba a todos los ejecutivos con tranquilidad. Ella, hecha un mar de lágrimas, no se prestó a salir en ninguna fotografía, pero si retrató a su marido (portada).

Aún no sabían nada de aviones, pero todo el mundo hablaba de la bomba. Un ejecutivo con la cara desencajada se les acercó para decirles que había visto saltar a una persona y que si eran extranjeros que aprovecharan para irse a casa: «go home».

«Estábamos allí parados, como todo el mundo, viendo como ardían dos torres y cómo llegaban las primeras ambulancias y bomberos, pero sin saber qué hacer. Pero cuando se hundió el primer edificio, entonces sí que nos pusimos a correr con todas nuestras fuerzas. Vimos una nube de humo que se acercaba a nosotros a toda velocidad y tuvimos tanto miedo que no paramos de correr hasta Chinatown, sin mirar siquiera atrás».

Al calmarse optaron por ir al hotel. Una hora y media a pie por Manhattan, en un clima de extraña apocalípsis urbana

EL CONSULADO ESPAÑOL IMPRESENTABLE

Con ser traumática, la experiencia de vivir en propia piel el atentado de Nueva York, lo que más minó la salud emocional del joven matrimonio sabadellense fueron los días posteriores.

El clima de terror en el hotel era insoportable: falta de personal, servicios mínimos, Bush declarando el estado de excepción por TV y, si salías, una pareja de soldados en cada esquina de Manhattan. «Ésta es una de las cosas que no se han visto por TV», dicen.

Necesitaron desplazarse al pequeño apartamento de unos primos colombianos de Manel, que les recibieron con los brazos abiertos pues también necesitaban comunicarse y exteriorizar sentimientos.

Desde ese mini-cuartel general en el Norte de Manhattan, Manel y Júlia iniciaron el largo vía crucis para emprender lo antes posible el viaje de regreso. Ni seguir a San Francisco y las Vegas, como estaba previsto, ni desviarse a Canadà o México. Su única obsesión era volver a casa.

Los primeros contactos fueron, lógicamente, con el consulado español en Nueva York. «Su actitud fue impresentable, no nos hicieron el menor caso, nos decían que no sabían mas que nosotros y que no podían ayudarnos», critica Manel.

Tuvieron que gestionar personalmente el billete de vuelta en diversas delegaciones de American Airlines, la compañía del avión-proyectil con la que habían contratado los vuelos internos. «Quién mejor nos atendió fue un pobre hombre que había perdido a su hija en el piso 43 de una de las torres».

Por otra parte, las llamadas tranquilizadoras a Sabadell no daban el resultado deseado por lo que optaron por llevar su vídeo a la delegación de TVE en Nueva York y, a cambio dejarse entrevistar en el telediaro.

Regresaban el lunes y ayer marchaban a Puigcerdà buscando en la Cerdanya lo que no les dio Manhatan: una simple luna de miel.