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Harvindher Singh, sikh «Si me cortara el pelo traicionaría mi religión» 8/12/2001 |
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Sólo lleva dos meses en España y no habla ni gota de español ni inglés. La entrevista tiene lugar en la misma obra donde trabaja, los andamios de la calle Advocat Cirera donde reboza la fachada, con la ayuda de un intérprete, su jefe y propietario de la empresa de construcción que le ha contratado, el chico de 18 años indoespañol, Manmohan Singh. Harvindher Singh, 26, es de religión sikh por eso cubre su larguísima cabellera con un turbante. En realidad dos turbantes, uno de trabajo cubierto de polvo y otro de calle naranja chillón. |
-Perdón ¿interrumpo?
-Adelante estábamos desayunando.
-He estado esperando diez minutos mientras se lavaban.
-Es que la limpieza nos la tomamos muy en serio. No se puede aspirar a la limpieza del alma sin la limpieza del cuerpo.
-¿Qué están comiendo?
-Esto es roti, un pan hecho por nosotros en casa. En esta fiambrera traemos lentejas con coliflor y en el termo, té indio. Pruébelo y se olvidará de la comida de España.
-No que será muy picante.
-Más que su comida seguro (ríe).
-¿Lo del bocata chorizo no es para usted?
-No comemos carne, no bebemos alcohol, no fumamos y no insultamos.
-¿Seguro que nunca ha insultado a nadie?
-A veces en broma. Pero en serio nunca.
-Ya sabemos lo que no hace un sikh. ¿Qué es lo qué sí hace?
-Rezo una hora cada mañana y una hora cada noche. Me ducho primero para purificar el cuerpo y luego me siento en el suelo con las piernas cruzadas y la cabeza tapada y rezo.
-¿No hace falta ir al templo?
-Los domingos voy a la iglesia sikh de Barcelona. Allí rezamos los hombres a un lado y las mujeres al otro.
-¿Por qué no os mezcláis?
-Siempre se ha hecho así.
-¿Su dios es el mío?
-Claro. No hay mas que un dios para todo el mundo. Los sikhs respetemos todas las religiones.
-¿Terminará comiendo carne si se queda mucho tiempo en España?
-A algunos sikhs les pasa eso, pero a mi no. Además tengo en España un tío que es muy sikh y me controla todo lo que hago.
-¿Por qué tantos sikhs os llamáis Singh de apellido?
-Es nuestra forma de identificarnos. De la misma forma que los musulmanes de la India se llaman Han. En realidad sikh quiere decir aprendiz porque siempre estamos aprendiendo.
-¿En qué creéis?
-En nuestro libro santo, el Guru Grant Shaib, como la Biblia o el Corán. Es un libro que explica la vida de nuestros santos.
-¿Qué hay bajo ese turbante?
-Pelo hasta la cintura.
-¿Puedo verlo?
-Claro (se deshace el turbante de albañil, un simple pañuelo alargado y aparece un pelo muy bien peinado recogido en un moño en lo alto de la cabeza). No lo he cortado nunca.
-¿Nunca jamás en su vida se ha cortado el pelo?
-Jamás.
-¿Y en 26 años el pelo sólo crece hasta la cintura?
-Sí porque si no lo cortas, muchos pelos se caen solos. Al tenerlo siempre atado y bajo el turbante tampoco puede crecer mucho.
-La barba sí parece afeitada.
-Tampoco. Nunca me he afeitado en mi vida. Algunos sikhs se la enrollan bajo el mentón, pero a mi no me ha hecho falta. No me crece más.
-¿Qué tiene de malo cortarse el pelo?
-Es así, el buen sikh no se corta el pelo. Si lo hiciera traicionaría mi religión.
-¿Cómo se lleva con los musulmanes?
-Muy bien. No tengo ningún problema con ellos.
-Los talibanes afganos os hacían la vida imposible.
-No lo sé.
-¿Cómo puede vivir en España sin tener ni idea de español ni inglés?
-Un poco aburrido, pero hablo hindi y punjabi y sólo me trato con indios. Mis compañeros y mi jefe me llevan del trabajo a casa y de casa al trabajo. Y en el súper cojo lo que me interesa, me enseñan cuánto es en la caja registradora y pago.
-Dicen que los sikhs son los catalanes de la India: comerciantes, trabajadores, peseteros...
-Sí, somos así. Pero los sindis aún son más negociantes que nosotros.
-¿Pertenece usted a alguna casta?
-No. Los sikhs somos mayoritariamente campesinos, pero no entramos en la jerarquía de castas.
-¿Ha venido a España para quedarse?
-Sí.
-¿Qué es lo que menos le gusta de España?
-Los robos y timos por la calle. Y que maten a los toros.
Aqui no son sagrados
«CASADERO Sus padres ya le están preparando el matrimonio en su Jabaridhan natal. «Pronto volveré a casa, mis padres me presentarán una chica que ellos me habrán elegido, la conoceré durante cuatro o cinco meses y, si me gusta, me |
casaré con ella y la traeré aquí». Pero el tema le pone nervioso y ese «si me gusta» parece sólo una concesión al periodista preguntón. Si se me ocurre hablarle de amor, se zanja el tema con el habitual «en la India siempre se ha hecho así». Es decir: vale ya, no? |