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Marcial Lara, sangre y arena «Si lo hago mal el público también me silba a mí» 26/7/2003 |
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Lleva 30 años sin vacaciones. Su pasión desde niño por la fiesta de los toros le lleva cada domingo, de abril a setiembre, a La Monumental donde por 30 euros hace de arenero y de lo que haga falta desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche. El cordobés Marcial Lara Romero, 70, vecino de Campoamor, desistió de su ilusión de torear en cuanto sintió el miedo de dos pitones a medio metro. Desde entonces se los mira desde la barrera. |
-¿Qué es el miedo?
-El miedo es algo que te deja en blanco.
-¿Tiemblan las piernas?
-Ni tiemblan. Todo tu cuerpo está paralizado. Te anulas.
-Parece que lo conoce bien.
-Porque lo he sentido. Fue en 1963 en la plaza de toros que me montaron en Sabadell, donde ahora está el BBVA de la calle Alfonso XIII.
-¿Qué pasó?
-Me echaron un novillo de 500 kilos con una cornameta tremenda y no tuve valor de matarlo. Tuvo que hacerlo un amigo de la escuela de toreo. En aquel momento supe que jamás sería matador. Renuncié y punto
-Pero siguió la afición y hoy trabaja en La Monumental.
-Llego a las 8 de la mañana, aplano la arena con el tractor y pinto las dos circunferencias del picador.
-¿Qué más?
-A las 11 hago toriles. Es decir, controlo que sólo suba personal autorizado al reconocimiento de los toros.
-¿Qué personal autorizado?
-Veterinarios, mayoral, ganadero, la empresa, presidente, delegado de callejón y la autoridad, o sea la policía. Yo me pongo en la puerta y sólo les dejo entrar a ellos.
-¿Qué viene luego?
-El sorteo. En eso ya vienen los toreros o su peón de confianza si el matador se queda en el hotel que es lo más normal.
-¿Cómo es el sorteo?
-Se hacen tres lotes de dos de manera que en cada par haya por lo menos uno bueno, con trapío. Se ponen tres papelitos en un sombrero cordobés y cada peón coge uno.
-¿Y todo eso es trabajo del arenero?
-Yo allí hago de todo, hombre. Soy un comodín.
-Llegamos a la tarde.
-Un cuarto de hora antes de la corrida, mientras el compañero riega la plaza, yo vuelvo a repintarla con el carretón de la cal. Y al tercer toro vuelvo a repintar la parte que se ha borrado.
-¿Es un trabajo delicado?
-Mucho porque si empiezo en un extremo y marco una raya que no me coincide con el otro extremo el público me silba.
-¿A usted? ¿El público le silba a usted?
-Claro si me equivoco es normal. Es mi trabajo. Pero si hago la raya de forma que conecte exactamente con la otra punta me aplauden (sonríe). Y eso es muy bonito.
-¿Qué más hace?
-Al final de la corrida, saco con la pala la sangre derramada en la arena que los areneros han recogido y han puesto debajo del estribo. Después vuelvo a aplanar la plaza con el tractor, el rodillo y la estera. Y en eso se me han hecho las 9 y media de la noche.
-¿No sale también usted a enganchar el toro cuando está p'al arrastre?
-Sí señor. Ése es otro de mis cometidos: embragar el toro.
-¿Ha dicho embragar?
-Embragar es ponerle la braga en los pitones y engancharla a las mulillas para que lo lleven al matadero.
-Y usted se lo pasa bien.
-Pues sí. Si no me lo pasara bien, no lo haría. Es mucho trabajo por la poca remuneración que recibo.
-Pero ve gratis la corrida y desde la barrera.
-Pues sí pero, no se crea, desde la barrera también se pasan malos ratos.
-¿Por?
-Como no salgan animales que correspondan, vienen insultos de los tendidos. Y eso siempre molesta.
-¿Cuál es su torero preferido?
-Para mi todos son buena gente. Yo soy más torista.
-¿Y eso que significa?
-Que me gustan más los toros que los toreros. Sufro más por un toro malo que por una faena mala.
-¿Qué le parece el sabadellense Finito (foto)?
-Muy bien. Le ví empezar en Isla Fantasía y recuerdo muy bien el primer toro al que cortó las dos orejas en Barcelona. Era colorao y yo intervine en el matadero para que le cortaran la cabeza como trofeo. La tendrá disecada por ahí.
-¿Y el de Montcada, Serafín Marín?
-También buen chaval. El domingo salió a hombros de La Monumental y mañana vuelve a torear. Expone mucho y tiene mucho futuro.
-¿Hay envidias entre los toreros?
-No. Todos se respetan porque todos saben por experiencia el valor que hace falta para ponerse delante de los pitones.
¡Si lo sabrá usted!
«TORISTA Llleva la pasión por los toros en las venas. De joven entrenaba en Bélmez con su carretón y muleta, pero lo abandonó para triunfar en Madrid. No pudo y al mes ya se venia a Sabadell, donde tenía un familiar,
para triunfar en Barcelona. Estudió en la Escuela Taurina de Pedrucho
«y cuando no fui capaz de llegar a nada, lo dejé y punto»,
asevera con digna |
solemnidad cordobesa. Fue chófer de Comercial de Laminados y desde 1983 trabaja en todas las corridas de La Monumental. |