Aitor Corrales, los disturbios de los antidisturbios

«Se abre la puerta, entran en el bar y empiezan a cargar como locos»

30/9/2003

Después de los disturbios del Bemba, la Policía Municipal demostró también su capacidad desestabilizadora en el bar Sorginak (Las Brujas) de la calle Sant Cugat.

Como todos sus clientes, su propietario, el restaurador bilbaíno Aitor Corrales Pérez, 25, residente en Sabadell desde hace año y medio por motivos de novia, sintió también la porra en sus costillas.

 

-¿En Bilbao no pasan cosas así?

-También, pero sólo en las eusko-tabernas. Aquí, por lo que veo, pasa en los bares normales.

-Cuéntemelo todo.

-Serían las 3'15 de la madrugada cuando uno que había salido a tomar el aire entró corriendo y diciendo «la policía, la policía».

-¿Qué hizo usted?

-Pues paré la música y salí a ver qué pasaba. Abro la puerta y me encuentro nueve antidisturbios de la Municipal con los escudos, las porras en posición de carga y un tembleque así en todo el cuerpo, hiperhistéricos, como para entrar a cargar.

-Qué miedo.

-Entonces levanté las manos para que vieran que iba en son de paz y dije «eh! que soy el dueño del bar ¿qué pasa?».

-¿Reaccionaron?

-Me gritan «¡díles a todos que salgan de uno en uno!». Vuelvo a entrar y les digo a la peña «a ver, no os pongáis nerviosos, si salimos todos de uno en uno no va a pasar nada».

-¿Lo hicieron?

-No porque antes de acabar la frase oigo detrás mío ¡pam! Se abre la puerta, entran los antidusturbios en el bar y empiezan a cargar como locos contra todo el mundo a porrazo limpio. Empezaron por el billar, pasaron al fubolín, a la barra...

-¿Qué buscaban?

-Supongo que a alguno que hubiera estado antes en el Bemba. Igual lo habían seguido hasta aquí.

-¿Cuántos eran?

-Esos nueve primero. Pero la calle estba llena de furgonetas, coches, motos...

-¿Cargaron dentro del bar?

-Sí y dispararon pelotas de goma. Mira (saca de detrás de la barra una pelota amarilla con la inscrpicón Bushtos). Suerte que no tocó a nadie.

-Siga.

-Enseguida nos sacaron a a la mitad a la calle, que ya la habían cortado al tráfico, y nos tuvieron tres cuartos de hora con las manos contra la pared.

-¿A usted también?

-Claro, a todos. Nos iban mirando uno a uno y, a los detenidos, los cogían por el cuello, los echaban al suelo y les daban de hostias entre cinco. Se oían los gritos cuatro calles más abajo. Luego los esposaban y los metían en la furgoneta.

-¿A quién buscaban?

-A nadie en concreto. Sólo sabían que el Bemba y el Sorginak compartimos el mismo tipo de clientela. Con eso tienen bastante.

-¿Entonces con qué criterios seleccionaban a los detenidos?

-Eso fue lo más gracioso porque yo les oía decir «¿tu crees que ése puede ser?» y el otro contestaba «tiene pinta, pero no va lo suficientemente guarro».

-¿Ése era el criterio?

-Ése y ninguno otro. Si llevabas barba, pelo largo y camiseta de algún grupo punky o roquero: culpable seguro.

-O sea, los mismos criterios que los skins.

-Lo mismo. Los rapados pegan a uno por melenudo, por heavy, por rasta, por roquero... A uno de los primeros que se llevaron es un cliente habitual mío que llevaba aquí toda la noche. Pero como viene de montar hospitales de campaña en Vietnam iba con pantalones militares. Pues pim-pam y a la furgo.

-¿A cuántos detuvieron aquí?

-De aquí se llevaron a diez. Pero del Bemba a 15 y en la plaza del mercado 10 más. La movida duró hasta las 6 de la madrugada.

-¿Tanto?

-Sí, cuando amanecía salieron sus hijos, los rapados, a «limpiar» algo que se hubieran podido dejar sus padres.

-¿Insinúa que los skins son hijos de policía?

-Hombre, eso lo sabe todo el mundo.

-¿Le pegaron a usted?

-Dos veces. La primera porque me picaba el cuello y, como no podía rascarme porque tenía las manos en la pared, moví la cabeza. Se me acerca un tío por detrás y flas-flas me da en la espalda con la porra. «¡Que te he dicho que mires arriba!».

-¿Y la segunda?

-Porque le dije algo al de al lado. Se me acerca uno por atrás y ¡flas!: «¡aquí no se habla, esto es como la fila del colegio!».

-Y eso que es el propietario.

-Exacto. Si alguien no podía estar tirando piedras en el Bemba era yo porque estuve en mi bar. Pero es que pegaron hasta a una tía.

-¿Qué pasó con la otra mitad?

-Luego los sacaron uno a uno con la manos en la cabeza y a medida que iban saliendo ¡pum! porrazo y a casa.

Como en Castellar, los antidisturbios han traído disturbios

 

 


 

«BUSHTOS

Ya le llaman el sherif, el amigo Busti o Bushtos. Si hasta ahora lo tenía mal entre los jóvenes, a partir de ahora se ha desvanecido cualquier esperanza de voto.

Como los demás jóvenes de Sabadell, tanto alternativos como pijos del centro, Aitor Corrales no entiende como el alcalde Manuel Bustos, su hermano, Paco, y hasta el concejal de cultura Joan Manau «pudieron estar viendo con sus propios ojos el espectáculo de violencia brutal que estaba dando su policía sin mover un dedo».