Isabel Pellejero, copista paleontológica

«De Jordi habrá unas 200 copias

en todo el mundo»

4/12/2003

Hasta abril puede verse en el Institut de Paleontologia la recién inaugurada «Original o còpia?», una exposición sobre la legitimidad de la copia y la silicona en la investigación científica y los museos.

Su autora es la restauradora y copista especializada en arqueología, la zaragozana Isabel Pellejero Usón, 37, que trabaja en el laboratorio del Institut desde hace diez años.

 

-¿Es legítimo exponer una copia en un museo?

-Si se informa de ello sí. Absolutamente. La gente exagera mucho el valor de los originales.

-¿Es ése el mensaje de la exposición?

-Claro. Planteamos una reflexión museográfica: si conserváramos mejor no deberíamos restaurar tanto.

-¿Conservar mejor significa no mostrar los originales al público?

-Pues no pasaría nada. Lo que está claro es que tenerlos expuestos al público es una agresión.

-¿En este museo hay muchas copias?

-Varias. El triceratops de la entrada es puro plástico y la gente cuando lo sabe se desilusiona.

-Normal.

-¿Normal por qué? Esto no es arte. Un fósil no es bonito ni feo. Un fósil es interesante o no lo es. Nada más.

-¿Qué quiere decir?

-Que su único valor es histórico y científico. ¿Qué má da que sea hueso o yeso?

-O sea que tiene más derecho al original el investigador que el público.

-Desde luego. Además, mira lo que pesa un hueso fosilizado (me da una pieza enorme que he de sostener con las dos manos).

-¡Buf! Parece piedra.

-Es piedra. Y eso sólo es un húmero. Imagínate el espécimen entero.

-¿Se copia pues por una cuestión de peso?

-Se copia por muchos motivos. Pero sobre todo para estudiar las piezas más cómodamente y con mayor seguridad.

-O sea para no romper una pieza de millones de años.

-Por ejemplo.

-¿Se le agarrotan los músculos cuando ponen en sus manos un cráneo único en el mundo?

-Yo padezco muchísimo porque hacer un molde es un trauma para cualquier fósil. Le metes materiales, reacciones químicas... es una técnica muy agresiva.

-¿A usted se le ha roto alguna pieza original?

-A todos los restauradores nos ha pasado eso alguna vez.

-¿Qué se siente?

-No me lo recuerdes. Apoyé un húmero de dinosaurio en esta mesa y lo ví caer. Se fue resbalando hacia un lado, como a cámara lenta, y ¡zas! cayó al suelo.

-¿Cómo quedó?

-En cinco trozos. Horroroso. Me quedé sin respiración. Eso sí, luego empleé todas las horas y el cariño del mundo en restaurarlo.

-¿La riñeron los paleontólogos del instituto?

-No porque a ellos también se les rompe alguna pieza.

-¿Cuántas copias habrá hecho del famoso Jordi?

-¿Del Driopithecus Laietanus? Unas 200. Se estudia en todo el mundo. Aún ahora hay universidades que nos piden copias.

-¿Todos los museos del mundo tienen su copista?

-No. El otro dia pedimos una copia del ankarathipecus a Estambul y nos dijeron que no hay copias en todo el mundo porque ellos no tienen modelista.

-Podía ir usted a Estambul.

-¡Estuve a punto! (ríe). Gastos pagados, oye. Me iba encantada. Lástima que al final no hizo falta.

-¿Copiar es una técnica o es un arte?

-Es un oficio... complicado.

-Cuénteme.

-Primero hay que moldear, no modelar, ¿eh? Moldear es hacer el molde, o sea el negativo.

-¿Dónde está la dificultad?

-En elegir la técnica más correcta para cada caso, porque hay muchas, y el producto más correcto, porque también hay muchos.

-¿El problema del molde está en la rebaba?

-Sí. Los antiguos copistas dejaban la rebaba expresamente para que se apreciara su arte. Aquella gente hacía un molde distinto por cada entrante y cada saliente. Tu date cuenta de la locura que eso supone.

-¿Cada maestrillo tiene su librillo?

-Hay que adaptarse a cada caso. El otro dia, un paleontólogo ilustre nos daba sólo 72 horas para sacar ocho moldes de un primate de Kenia.

-¿Pudo solucionarlo?

-Sí porque su pieza no era original. Yo sobre un original me niego a trabajar deprisa. Demasiado arriesgado. Pero como ya era copia, buscamos una silicona de dentista, que solidifica más rápido y, cosa rara, salió bien.

-¿Siempre silicona?

-Silicona, látex, amoníaco, cera, fibra de vidrio, poliéster, escayola, yeso-piedra de dentista, poliuretano... Según el caso.

Fake?


 

«DE CARAMBOLA

Quién iba a decirme a mi que acabaría restaurando y moldeando huesos de animales?» dice divertida Isabel Pellejero.

Su historia es la de esa niña a la que siempre gustaron los animales y que siempre quiso ser veterinaria. Pero en cuanto se dio cuenta de que éso era de

ciencias, la niña lo cambió por algo de humanidades.

Estudió Bellas Artes, de ahí pasó a la restauración y de ahí a la arqueología con lo que acabó, de carambola y contra todo pronóstico, con sus queridos animales.