Víctor Uwagbam nigeriano

«El sentimiento de pena

es lo que nos separa»

25/9/2004

Abogado, bailarín, coreógrafo, percusionista y músicoterapeuta, el nigeriano, Víctor Uwagba, 28, marchó de Lagos para profundizar en sus estudios. Pero después de una travesía iniciática por medio Africa patera incluida, se ha quedado en Palma de Mallorca donde ejerce de puente entre nuestro mundo y el africano.

Ayer llegaba a Sabadell invitado por su compañero de espectáculo, el músico local Pau Tarruell, con el que compartirá escenario este mediodía a la 1 en las fiestas de la Mercè de Barcelona.

 

-¿De vedad cruzó el estrecho en patera?

-Sí, pero eso es lo de menos.

-Cómo va a ser lo de menos.

-Llegar a Marruecos y encontrar una zodiac que te cruce el estrecho es fácil.

-Muchos mueren en el intento.

-Yo soy buen nadador y el agua es mi elemento natural. Eso no me dio miedo.

-¿Qué es entonces lo importante?

-El viaje por medio Africa durante cuatro meses, de mafioso en mafioso y de sorpresa en sorpresa

-¿Qué pasó?

-Dios me ayudó y cuando unos guías nos abandonaron en medio del desierto de Mali sin dinero, pensé en volver a casa.

-Pero no lo hizo.

-No porque, sin quererlo, me convertí en líder de los otros 50 nigerianos que también habían quedado tirados en aquel pueblo polvoriento en medio de la nada.

-Cuénteme eso.

-Yo en Lagos había ido a una escuela en la que nos enseñaban a rezar en cristiano y en musulmán. Cuando aquellos árabes me vieron rezar a Alá nos dieran cobijo y comida a todos los 50 y me convertí en el intermediario.

-¿Os quedásteis ahí?

-Sólo unos días hasta que nos llevaron en coche a la próxima ciudad argelina. Y desde allí, sin dinero, nos arrgelamos para ir en coches o autobuses hasta el norte de Marruecos.

-¿Cómo se viaja sin dinero?

-Yo tuve suerte, enseñaba fotos de mis actuaciones musicales en lagos y la gente me acogía.

-Pero hay que pagar a los guías.

-Sí, muchos africanos se han quedado en esos países para de guíar a sus compatriotas. Pero a uno de ellos le curé con masajes una lesión del pie y quedó tan agradecido que hice toda la ruta con él.

-¿«La ruta»?

-En Africa existe ya una ruta de emigrantes por carreteras y caminos, paradas obligadas, guías, zonas, autobuses... Una riada de gente pasa por esa ruta.

-¿Siempre hacia el estrecho?

-Siempre. En todas las ciudades de Marruecos hay amplias zonas de emigrantes en tránsito. Todo el mundo lo sabe.

-Y usted pasó por todas.

-Yo, una vez en Marruecos, quise denunciarlo y regresar a Nigeria. Pero me convencieron de que denunciar a los mafiosos no iba a servir de nada y de que regresar ahora, que ya estaba a las puertas de Gibraltar, sería una tontería.

-Y se lanzó al agua

-Me llevaron en zodiac. Fue un viaje matutino muy tranquilo, de apenas tres horas. Nos dejaron en una playa con poca gente y cada cual se buscó la vida.

-No lo pone nada dramático.

-Es que no lo es. Hay que acabar con ese sentimiento de pena porque es lo que nos separa.

-Pues las imágenes que vemos cada día por televisión...

-Mire, esas mismas imágenes que enseña la televisión de emigrantes en patera, que aquí se ven tan dramáticas, en Nigeria se ven como un éxito del emigrante. «Mira ves?, dicen en mi país, la policía les da mantas y comida».

-Pero luego los devuelven a casa.

-En realidad no. La mayoría se quedan en España y muchos se ponen a trabajar inmediatamente en la construcción ganando buenos sueldos.

-¿Qué fuerza le animaba a seguir?

-Veía que iba saliendo victorioso de todas las dificultades. Llamándome Víctor es normal.

-Hombre, eso me interesa.

-El nombre marca desde pequeño y los que nos llamamos Víctor siempre salimos bien de las dificultades. En realidad me llamo Víctor Eguliasé.

-¿También significa algo?

-Eguliasé significa justicia y eso me ha marcado también: busco la justicia, soy diplomado en leyes y cuando me robaron la bicicleta en Palma, la encontré intacta al día siguiente. Eso significa que hay justicia en el mundo.

-Pocos emigrantes dicen eso.

-Lo sé. Sé que muchos lo pasan mal aquí. Por eso quiero hacer de puente entre las dos culturas. Ayudarles aquí y en Nigeria.

-¿Se siente capacitado?

-Sí, con mi conocimiento de las leyes, mi talento musical y la conciencia y espiritualidad que me dieron aquellos días en el desierto, estoy seguro de que puedo hacerlo.

Saldrá victorioso


 

«LA ALEGRÍA DE LA VIDA

Tiene una carcajada tan contagiosa como su ritmo al tambor. Niños y ancianos, artistas y funcionarios, terminan dándole al pie y la cadera sin percatarse de cómo acaban de rebajar su grado de racismo inconsciente.

Victor Uwagba explica cuentos africanos a los niños, hipnotiza al personal con los saltos espectaculares en escena, da clases de danza africana en la Universitat Balear y de musicoterapia a niños autistas.

«Dios me ayuda en todo», dice con generosa sonrisa blanca.