Manuel Ferrera, víctima policial

«Si no bebido,

algo se había tomado»

30/7/2005

El problema de la policía catalana, ya no sólo sabadellense, no deja de crecer. El caso del día, hoy por ejemplo, tiene la misma causa de siempre: la prepotencia.

El trabajador de Barberà del Vallès Manuel Ferrera Vaquerizo, 47, estuvo el jueves casi siete horas detenido y acabó en calzoncillos en el calabozo tras sufrir toda suerte de humillaciones. Su culpa: responder a dos infracciones de tráfico y provocaciones realizadas por un urbano de paisano supuestamente bebido.

 

-Cuénteme los hechos.

-Ayer jueves, a las 3'50, iba yo al trabajo en mi coche.

-¿A la calle Bernat Metge?

-Sí. Al llegar a la rotonda de Goya con Paseo Comercio, se me echa encima un Citroën gris plateado, creo que un Xsara, e intenta pasarme a toda velocidad por la izquierda.

-¿Intenta?

-Claro porque allí no había espacio para otro vehículo. Tuve que dar un volantazo a la derecha para que no me diese.

-¿Se disculpó?

-Al revés. Al quedar otra vez en paralelo, ya en la calle Joanot Martorell, le pedí explicaciones a través de la ventanilla y él me hizo un gesto con las manos así (junta las palmas y ladea la cabeza), como si yo estuviera dormido.

-Sigamos.

-En la rotonda siguiente, la de Joaquín Blume, vuelve a pasar lo mismo. Cuando yo dejaba pasar un coche que circulaba por la rotonda, él me pasa otra vez por la izquierda a toda velocidad, se mete en la redonda sin respetar el Ceda el Paso y obliga a aquel coche a dar un buen frenazo.

-¿Volvieron a hablar?

-Sí en el semáforo de la calle Joaquín Blume volvimos a quedar en paralelo. Bajo la ventanilla y le digo si va de chulo por la vida.

-¿Qué respondió?

-Me vaciló. Con una sonrisa de burla, me hizo muecas, cortes de mangas y gestos con los dedos.

-¿Para provocarlo?

-Claro. Me bajé del coche, llamé a su cristal y él, desde dentro, me enseñó algo. Como le ví con aquella pinta pensé que sería un arma blanca y me asusté.

-¿Qué pinta?

-Perilla, piercing en la oreja, camiseta, bermudas, como un... un...

-¿No era arma blanca?

-No, era como un carnet.

-¿La placa de policía?

-Supongo, pero yo a través del cristal sólo ví como un carnet.

-¿No bajó él la ventanilla?

-No, pero cuando me vio asustado, se bajó del coche y me dio un empujón en el pecho. Yo le dí otro a él, el semáforo se puso verde y tuvimos que marchar los dos.

-¿Qué hizo él?

-Me perseguía y yo ya ví por el retrovisor que hablaba por móvil. Aparqué en batería delante de mi empresa, él aparcó al lado, salió del coche y oí que daba por móbil la dirección.

-¿Y usted?

-Yo me senté con tres compañeros que esperaban a entrar al turno de las 4.

-¿Vieron ellos lo que pasó?

-Lo vieron todo y lo han declarado en su denuncia. Vieron perfectamente cómo se acercó a mí provocándome, gritando «pégame, pégame hijo de puta, desgraciado» y dándome empujones (su compañero lo confirma)

-¿Usted no reaccionó?

­Al final sí claro. Lo cogí y le empujé muy flojo contra un coche, rodamos los dos por el suelo y él empezó a chillar. Fué patético.

-¿A chillar cómo?

-Como si le estuvieran pegando una paliza. Pero no le pegaba nadie. Como un niño pequeño. «Ay- ay-ay, que dolor, ay-ay-ay, pégame, pégame». Se retorcía por el suelo en posición fetal gritando como un loco. Nosotros mirábamos aquel ridículo y no podíamos creer tanto teatro.

-¿Qué pasó luego?

-Que llegaron policías municipales de todas partes. Con sirena sin sirena, por la izquierda, por la derecha... por lo menos quince agentes en ocho motos y dos coches.

-¿Le detuvieron?

-Vinieron directos a mi, me identificaron, me esposaron con las manos atrás y me metieron en un coche policial.

-¿Y a él?

-Nada. Dijeron «ése ya está identficado». Entonces fue cuando empezamos a pensar que él era policía. Cuando mis compañeros pidieron que le hicieran la prueba del alcohol, se negaron.

-¿Tan evidente era que iba bebido?

-Sino bebido algo se había tomado porque iba dando tumbos, perdió la chancla al bajar del coche y hablaba incongruencias.

-¿Cómo acabó la cosa?

-Me tuvieron seis horas en Jefatura de Can Macret «por agresión a la autoridad» sin dejarme llamar ni ver a mi abogado. Luego me trasladaron a Comisaría de Policía Nacional donde me obligaron a desnudarme.

-¿El mismo trato?

-No. La Policía Nacional fue muy correcta. Cuando el jefe de guardia se enteró de por qué estaba yo allá sólo me preguntó «¿era joven?». Yo dijé sí, y el dijo «otro chuleta» y me soltó.

¿Pero qué les dan en Mollet?


 

«HUMILLADO

Conocedores de todas las argucias y profesionales en librarse legalmente de las broncas que ellos mismos provocan, la policía llevó al Taulí a Manuel Ferrera para que un médico dictaminara que se encontraba bien lo que constará en su propia denuncia.

«Entrar por el vestíbulo del Taulí esposado como un delincuente ante todo el mundo y con un policía a cada lado fue la peor humillación», recuerda. «Y al salir aún ví al chico ése riendose de mí».