José Luis Pumarega, afectado por el Wilma

«Hemos volado 8.000 kilómetros

sólo para vivir miserias»

29/10/2005

Su luna de miel en la Riviera Maya, a 130 kilómetros de Cancún coincidió con el huracán Wilma. Han vuelto destrozados, tristes, desconsolados y... llenos de rabia.

El vecino de Can Llong y electromecánico de Siemens, José Luis Pumarega Vico, 26, y su reciente esposa, Julia Campíñez, lo han pasado tan mal que no quieren volver a ver aviones ni hoteles en su vida.

 

-¿Váis a denunciar?

-A la mayorista Soltour seguro. Nadie lo pasó tan mal como los españoles de Soltour.

-¿Alguien mas?

-Si se pudiera, denunciaríamos a los organismos oficiales españoles. No les vimos por ningún lado, nadie nos protegió ni nos informó. Estuvimos tres días abandonados a nuestra suerte. Tirados como perros.

-¿Que podía hacer el consulado?

-A americanos y canadienses los evacuaron dos días antes de llegar el Wilma. Y a los alemanes también.

-¿Por qué no a vosotros?

-Porque en teoría nuestro hotel, el Bahía Príncipe en Quintana Roo, era a prueba de huracanes.

-¿No hacía falta evacuar?

-Claro que sí. Había órden de evacuar a todos los que vivieran a menos de un kilómetro de la costa. Se ve en www.afectados bhwilma.com. Y nosotros estábamos a 500 metros.

-Pero ni por ésas.

-Que va. El día antes, el hotel nos pasa un comunicado diciendo que nos encerráramos en nuestras habitaciones esa noche.

-Eso no os tranquilizaría mucho.

-Nada porque además sabíamos que el Wilma llevaba fuerza 5 y ese hotel nunca antes había sufrido un huracán fuerza 5.

-¿Cómo os preparásteis?

-Mal porque nos dijeron que íba a durar 20 horas y duró tres días.

-La lentitud del Wilma por México sorprendió incluso a los expertos.

-Pues imagínate a nosotros. Tres días en una habitación de hotel sin agua ni luz.

-¿Y sin hablar con nadie?

-Nos aconsejaron formar grupos de cuatro o seis para tener alguien con quien hablar y para ayudar si a alguien le daba una crisis nerviosa.

-¿Cuántos os juntásteis?

-Cuatro. Nosotros dos y otra pareja de maños también en luna de miel. Primero estuvimos en su habitación, pero cuando salieron goteras nos pasamos a la nuestra.

-¿Cuál era vuestro ánimo?

-Pues mira. Ahora verás cuál era nuestro ánimo. (Busca en su cámara de fotos digital y me enseña la pantalla). Estábamos acojonados. Mira el fortín que montamos.

-¿Qué es eso?

-Pues una cama de matrimonio sin colchón apoyada contra la ventana. Y eso un mueble entre dos columnas para que hiciera más fuerza. No nos fiábamos de las «cortinillas anticiclónicas».

-O sea que teníais auténtico miedo.

-No temíamos por nuestras vidas, porque el edificio se veía resistente y hasta vinieron turistas de otros hoteles. Pero estábamos muy nerviosos.

-¿Cuáles eran los peligros reales?

-Que se abriera la ventana y se inundara la habitación. O que entrara algo volando. El viento era tan fuerte que las tejas de plástico salían disparadas y se clavaban en la piedra.

-¿Cómo se pasan tres días en una habitación con dos maños sin luz ni agua?

-Pues gracias a las goteras de los maños, Recogíamos el agua en cubos y la usábamos para evacuar el wáter.

-¿Todo a oscuras?

-Sólo con velas.

-¿Qué comíais?

-Lógicamente nos acabamos los cacahuetes, patatas y bebidas de la nevera porque en tres días sólo nos dieron tres comidas. Y entre la primera y la segunda pasamos diez horas sin comer.

-Con éso no se vive.

-Yo me adelgacé tres kilos. Pasamos un hambre atroz. Pero el segundo día ya empezó a funcionar un mercado negro de comida con los empleados del hotel que tenían acceso a cocina.

-¿Es que no mandaba nadie en el hotel?

-Nadie. Estábamos abandonados. Otra pareja perdió la llave de la habitación y no encontraron a nadie para pedirla.

-Al fin pasó.

-Cuando ya sólo llovía, 50 fuimos en camión hasta Tulum, a 50 kms. y tranquilizar por teléfono a nuestros familiares en España que llevaban tres dias sin saber de nosotros.

-¿No iban los móviles?

-Ni uno. No funcionaba absolutamente nada.

-¿Haréis luna de miel este puente de Todos los Santos?

-No porque trabajo el lunes. Pero no queremos hacer mas colas, ni pisar un hotel, ni ver un avión... ¡Hemos volado 8.000 kilómetros para vivir miserias! Mejor en casa quietecitos.

El casado casa quiere


 

«LA VUELTA, PEOR

Le indigna más el maltrato del regreso que el propio caos del huracán.

«Después de recorrer 300 kilómetros en autocar durante siete horas sin darnos ni un bocadillo, el guía de Soltour nos abandona en el aeropuerto a

nuestra suerte. Allí tuvimos que esperar ocho horas tirados por el suelo y viendo como alemanes y españoles de otros mayoristas nos iban adelantando y volaban a sus casas».

Viendo su aspecto, empleados de Lufthansa, que no era su compañía, se apiadaron de ellos y les dieron agua y croisant con queso.