Carme Lamarca: Campos de refugiados de Munich
«Es siniestro, tétrico»
21-07-2006

Siguiendo el rastro de un nigeriano que había sido acogido en Drapaires d’Emaús de Sabadell, la profesora de inglés del IES Pau Vila, Carme Lamarca Roca, 52, voluntaria en todas las causas humanitarias que puede, ha descubierto los campos de refugiados de Munich.

Carme Lamarca: Campos de refugiados de Munich
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—¿Cuál es la historia de Boniface?
—Le conocí en mayo del 2005. Me llamaron de Drapaires d’Emaús para hacerle de intéprete en el Hospital Taulí.
—¿Estaba enfermo?
—Sufría crisis respiratorias muy graves debido al stress de haber huído de una cárcel de Nigeria.
—¿Qué había hecho en Nigeria?
—Pertenece al partido Massob que lucha por la autonomía de Biafra dentro de Nigeria. Son seguidores de Gandhi y Luther King y sólo practican métodos de no-violencia.
—¿Por eso le metieron en la cárcel?
—El 11 de septiembre del 2004, participó en una marcha de varios miles de personas en Lagos y al final, en un partido de fútbol de biafreños, la policía entró con todo y detuvo 70 personas, futbolistas incluídos.
—¿Hubo juicio?
—Hubo una pantomima de juicio, seguido por las cámaras de la BBC, en que el juez absolvió a todo el mundo, pero la policía, incomprensiblemente les volvió a meter a todos en la cárcel.
—¿Cómo se escapó Boniface de la cárcel?
—En realidad no fue una evasión. Trabajaba como ingeniero en una empresa que importaba de Alemania y sus compañeros de trabajo le consiguieron un visado de negocios alemán para volar a Stuttgart.
—¿Y de Stuttgart a Sabadell?
—No se encontró a gusto en Alemania y se vino en tren a Barcelona. Aqui la Cruz Roja le dirigió de servicio de acogida de inmigrantes de Drapaires de Emaús de Sabadel. Y vivó cuatro meses aquí, en nuestra Plaça Vila Arrufat.
—Hasta que regresó a Munich ¿Por qué?
—Porque ante las diligencias del SCAI de Sabadell y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, CEAR, el organismo europeo de los refugiados con sede en Dublín le dice que debe arreglar sus papeles en Alemania por ser el país al que voló directamente desde Lagos.
—¿Fue una buena idea?
—No. Al principio nos lo pareció a muchos que le aconsejamos ir a Alemania para legalizar su situación. Pero nos equivocamos.
—¿Por qué?
—Porque al tercer día de estar en Alemania ya nos llamaba diciendo que aquello más que un campo de refugiados parecía un campo de concentración.
—Y usted se sintió culpable.
—Tan culpable que aproveché un par de días de vacaciones para volar a Munich. Aún estoy aterrorizada de lo que me encontré allí.
—¿Qué explicaba Boniface?
—Que le habían tenido varios días en interrogatorios por varios cuerpos policiales, que le habían desnudado y se le habían quedado todo el dinero.
—¿La policía se quedó su dinero?
—Sí. Requisaron el dinero que le habíamos dado para comprar ropa de abrigo. El gobierno alemán considera que, ya que le paga cama y comida, tiene derecho a apropiarse de su dinero de bolsillo.
—¿Cómo era el lugar?
—Siniestro, tétrico. Un edifico de tres plantas cerca del zoo viejo y destrozado. Con basura por todas partes y seguratas gritándoles y amenazándoles. Los refugiados no se atreven ni a levantar la voz, hablan en cuchicheos.
—¿Por qué?
—Continuamente les dicen que si aquello no les gusta que se vuelvan a su país de mierda.
—¿Pudo ayudarle?
—Él es muy fuerte y no le gusta quejarse. Es muy creyente y dice que debe soportarlo como Jesús soportó su cruz.
—¿Qué hace allí?
—Ha pasado por dos trámites en que le han denegado el permiso de residencia y, si no supera el próximo juicio oral, podrán repatriarle a Nigeria.
—¿Qué futuro le esperaría allí?
—Cárcel y una sentencia de muerte.
—¿Serán capaces los alemanes de hacer eso?
—Muy capaces. Están pidiendo papeles imposibls. Nunca un juez alemán ha dado refugio a un nigeriano. Los alemanes acaban de repatriar a un refugiado chino que el gobierno chino ya está a punto de ejecutar.
—Y ahora usted ha vuelto a Múnich.
—Acabo de llegar de allí. Me ha reconfortado ver que lo han trasladado a otro campo de refugiados en Praga Strasse. Vive en barracones en muy malas condiciones. Pero allí hay familias enteras, iraquíes, afganos, africanos. Este niño (foto) es hijo de una mujer de Ghana que lleva allí cinco años.
—¿Hay en España campos parecidos?
—Empiezan a construir alguno pero ése no es en absoluto el modelo a seguir.
—¿Qué puede usted hacer por él?
—Según como vayan las cosas, la gente de Sabadell miraremos de buscarle un empleo aqui y traerlo urgentemente.
Su hogar

A.I. alemana
Admirada por la fortaleza, nobleza y honestidad de este biafreño, Carme Lamarca ha removido medio Munich para ayudar legalmente a Boniface.
Mientras él estudia alemán para no pensar en otras cosas, ella ha conseguido la colaboración de una abogada especializada en asilos y, muy especialmente, de Amnistía Internacional.
Avergonzados por la insensible, cuando no cruel, actitud de jueces y policías de su país, los cooperantes alemanes de A.I. luchan desesperadamente por la vida de Boniface.