Casto Pérez, «Tío Castro»
««El control de obras
es un negocio bien legal»
09-09-2006

Todos los controladores de obras, son gitanos lo que despierta recelos, sospechas y especulaciones.
El gitano de Terrassa que controla las obras de Hospital Taulí de Sabadell, Casto Pérez Heredia, 33, es propietario de Servicios y Construcciones El Tio Castro (ahora con erre) que emplea a cuatro trabajadores.

Casto Pérez, «Tío Castro»
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—¿Sabe lo que se dice de ustedes?
—Claro que lo sé hombre. Han hecho reportajes en la tele con cámara oculta y todo.
—Que ustedes se ofrecen a las constructoras para vigilar unas obras que, si no vigila nadie, robarán ustedes mismos.
—La gente está muy equivocada. Yo soy una empresa legal que pago impuestos a Hacienda y Seguridad Social a mis trabajadores. Mire (se saca una tarjeta de la cartera).
—¿Qué es eso?
—Como ya sabía que me preguntaría éso, le he traído una tarjeta de la Assessoría Folch de Terrassa. Llamáles y pregunta quién soy yo.
—Desmiente pues la extorsión de tipo mafioso.
—Por supuesto. Eso es más un dicho popular que otra cosa.
—Dice que no son vigilantes, sino controladores ¿Cuál es la diferencia?
—Hay una gran diferencia. Nosotros no llevamos porras, ni hemos hecho un curso, ni llevamos armas...
—Pues esa silueta en el logo del Tio Castro es todo un vigilante jurado con su uniforme, su escudo, su gorra y su porra.
—Alguna imagen había que poner. La gente mira más que lee.
—¿Cuál es exactamente la misión de un controlador?
—Ver que no entre nadie en el recinto. Como un peón más.
—¿Y si entra, qué hacéis?
—Damos el aviso. Primero a la propiedad y luego a la policía.
—¿Mañana y noche?
—Toda la noche y los fines de semana.
—Muchas noches no se ve ningún controlador en las obras «controladas».
—Cada compañía tendrá su contrato con cada promotor.
—¿Contrato con todas las de la ley?
—Ya lo creo. Hasta se especifica nombre y apellidos de la persona que controlará esa obra.
—¿Cada empresa trabaja siempre con las mismas constructoras?
—Casi siempre. Nosotros trabajamos para Copcisa y algunas otras menores de Terrassa.
—¿Cómo entra en contacto con ellos?
—Pues fácil. Llegas a una obra y preguntas al encargado si ya tienen un servicio de vigilancia.
—¡Eh! Ha dicho vigilancia.
—Bueno hombre es una forma de hablar. Nosotros, brutos, no usamos palabras finas. El caso es que si quieren te cogen y si no quieren no te cogen.
—¿Y seguro que si no te cogen, esa misma noche no desaparecen casualmente unas vallas o unos sacos de cemento?
—¡Que no hombre! Aqui no hay ni amenazas, ni extorsiones. Además, ¿tu crees que hoy en día la gente aceptaría eso?
—En el mundo de la construcción todo es posible.
—No. Ni en el mundo de la construcción los empresarios se callarían y agacharían las orejas ante una cosa así.
—Si no sale muy caro...
—Yo llevo mucho tiempo en la construcción y nunca he visto eso. Son gente muy dura a la hora de negociar, pero nada más.
—¿No tenéis problemas por entrar en Sabadell siendo de Terrassa?
—Para nada ¿por qué?
—Porque igual la cosa va por zonas.
—No somos leones que meamos para marcar nuestro territorio. Aqui hay libertad de zonas.
—¿Contratáis emigrantes sin papeles?
—Para nada.
—¿Por qué hay que ser gitano para controlar una obra?
—Tonterías.
—Pues todos ponéis la bandera y la rueda gitana.
—No hay que serlo. Yo creo que sóis vosotros los payos, los que teneis miedo de que un gitano os robe y pensáis que otro gitano podrá impedirlo.
—¿Un miedo injustificado?
—Ojalá un payo montará una empresa como la nuestra. Si tu quieres montarla te ayudo.
—¿Esa bandera es como un aviso para los demás gitanos?
—No. No hay que avisarles de nada. Pero sirve para que me respeten como gitano.
—¿Si roban, usted encontaría al ladrón?
—En menos de 24 horas. Llevo ya mucho tiempo en esto.
—¿Ha tenido que hacerlo?
—Nunca. Ahora el problema es que no se te meta en la obra un toxicómano o un niño y el juez te pare la obra.
—¿Un vigilante jurado podría hacer este trabajo?
—Claro, pero va más caro.
Pues eso
ELEGANCIA GITANA
LHermano de ocho y padre de dos, cuyos nombres Valentín y Julio lleva tatuados en unos brazos cubiertos de oro, tiene una elegancia especial.
La media sonrisa con que acompaña todas sus respuestas, su aspecto limpio y aseado, su mirada clara y directa a los ojos de su interlocutor y la paz que desprende su tono de voz inspiran confianza.
Eso no significa que no hayan pequeñas contradicciones en su discurso, pero también explica por qué grandes constructoras como Copcisa confían en él.