Maria Sáez, hija de sepulturero
«La muerte no me quita el sueño»
1-11-2006

Como hija del sepulturero de Sabadell, la puericultora, Maria Sáez Moreno, 38, vivió, jugó y fue feliz en el cementerio de Sabadell de 1980 a 1996 es decir de sus 12 a 26 años.
Aquella vida le marcó tanto que hoy sigue vinculada a «mi cementerio, el más bonito del mundo». Estos días de difuntos, ella pone cirios por encargo en algunos panteones familiares. Enferma de esclerosis múltiple, su marido le ayuda.

Maria Sáez, hija de sepulturero
—¿El cementerio era su casa?
—Sí. Yo vivía aquí.
—Y todo esto su jardín.
—Claro, ninguna niña tenía un jardín tan grande en su casa. En esos nichos jugaba yo a tenis con mis hermanos.
—¿A tenis en los nichos?
—Bueno, a frontón y en la pared lisa de al lado.
—Sin complejos.
—Complejo tenía de cara a los demás. Cuando le conocí a él (señala a su marido que está pintando una cadena de hierro), le dije que vivía en la Plaza de España.
—¿Por qué?
—Porque si conoces a un chico y de buenas a primeras le di ces que vives en el cementerio... Y con él hice bien porque esos temas le dan un yuyu... Si le digo que vivo en el cemen ya no lo veo más, fijo (ríen los dos).
—¿El cemen?
—Yo le llamo el cemen.
—¿Conservan sus hermanos tanta relación con el cemen?
—Uno sí porque és tanatopractor de la Funeraria, el que maquilla a los muertos.
—¿Cómo era en su infancia el día de todos los santos?
—Fiesta mayor. Ese día mi casa se llenaba de gente. Y se equivocan porque el dia de los difuntos es el 2 de noviembre, no el 1.
—¿Nunca le dio miedo el cementerio durante su infancia?
—Nunca. Al volver cada dia del colegio de Pueblo Nuevo, a mi me daba mas miedo ir por la carretera que por el cementerio. Lo cruzaba todo por dentro y tan tranquila.
—¿También paseaba por aqui de noche?
—Sí, sí.
—En la grata compañía de muertos vivientes, vampiros y fantasmas.
—Nada. Ni uno.
—¿Un espíritu, un alma en pena?
—Tampoco. Pero es que tampoco nunca he visto una película de terror. Nunca me han llamado.
—Algún ladrón de tumbas sí habrá pillado.
—Nada, hombre. Aqui no hay de eso.
—Estudiantes de medicina en busca de huesos.
—Leyenda urbana.
—Sectas, rituales extraños...
—Eso sí. A veces venían a hacer psicofonías. Iban a la fosa común de los no cristianos y se ponían a grabar.
—¿Y grababan algo?
—No creo. Yo no he escuchado nunca ruiditos ni historias.
—La gente lo cree.
—Ya. Una noche nos vino la Nacional diciendo que unos vecinos habían oído respirar a un muerto.
—Por fin un poco de morbo.
—Mi padres les dijo ¿un muerto que qué? vengan ustedes a ver el muerto. Les lleva a ese ciprés y les dice enfoque ahí arriba con la linterna. Tira una piedra y sale una lechuza volando. Ya no hubo más muerto respirando.
—¿Qué está haciendo en este panteón?
—A algunas familias les limpio la tumba y les pongo un pan de cera así de grande (junta las yemas de los dedos), como un plato, el dia de Todos los Santos.
—¿A pesar de la escelrosis?
—A veces necesito ayuda porque ya estoy pinchándome tres veces a la semana para evitar los tembleques, el hormigueo y los brotes.
—¿Sigue viniendo por aqui durante el año?
—Siempre que puedo vengo a pasear. Como quien va a El Corte Inglés.
—No es lo mismo.
—Yo si vengo aqui a pasear se me pasan los nervios. Esto me da paz. Y además tengo aqui a muchísima gente.
—¿Quiere decir familiares difuntos?
—Sí. Empiezo a mirar y aqui está mi tía, allí mis abuelos, por allí otro tío...
—Y se imagina donde irá usted algún día.
—Eso no. A mi no me encajonan. Uh no (ríe), qué repelús, ahí metida con los bichillos. A mi que me quemen.
—¿Y las cenizas?
—Que las echen en cualquier lado. Qué mas da.
—¿No le asusta ni su propia muerte?
—Pues no. No me quita el sueño. ¿Que hay algo más allá? Pues muy bien, cuando llegue lo veremos. ¿Que no la hay? Pues no lo veremos. Yo no pienso. Es que si piensas, no vives.
—¿Su padre piensa igual?
—¿Mi padre? Más feliz que un ocho. El vive al dia. Su jubilación, su bar, su partida de domino... El no piensa en esas cosas. Y mira que ha enterrado gente.
Sabiduría del más acá


EL MAS BONITO DEL MUNDO
Desde que está casada menos porque a él le da yuyu. Pero de soltera, cuando iba de turismo, lo primero que hacía era visitar el cementerio de cada ciudad para comprara con el suyo.
«Pero como el cementerio viejo de Sabadell, ninguno. Y mira que el de San Fernando de Sevilla es bonito, pero no es como éste. Y el friedhof de ese pueblo alemán cerca de Frankfurt en el que enterraron a mi tío también es precioso, pero es que... como el mío ninguno»