Amable Martínez, desheredado
««Sólo quiero matarme»
3-11-2006

Tenía mujer, hija, piso, coche y un buen trabajo como vigilante jurado de El Corte Inglés.
En apenas dos años la vida de Amable Martínez,44, ha sufrido un vuelco infernal. Desde hace dos semanas, come y viste de la caridad de los vecinos de la Creu Alta. Duerme en el portal de la calle Pau Rigalt (foto) y pasa las horas confuso, con la mirada clavada al suelo, revolcándose en su miseria entre sollozos y tentando a la muerte en el tráfico para ver si, «con suerte», sufre un atropello mortal.

Amable Martínez, desheredado
—¿Pero qué está usted haciendo en la calle?
—Yo tenía una vida normal, formidable.
—¿Era vigilante nocturno?
—Desde hace 15 años. Y los cuatro últimos en la joyería de El Corte Inglés, con arma y perro.
—¿Bien considerado?
—Todo el mundo me quería, los empleados de El Corte Inglés, los compañeros de Eulen Seguridad.
—Una vida normal.
—Normalísima. Mi trabajo, mi familia, mi pisito en el Llano de Can Puiggener, mi música, mis películas y mis cuatro cortaditos al día. Ésa era mi vida.
—¿Y qué pasó?
—Me engañaron (arranca a llorar), me arruinaron (no le salen las palabras), me...me quedé sin nada.
—¿Quién le arruinó?
—Ramon García, un estafador de guante blanco que me presentó mi hermano como si fuera abogado. Pero no es abogado ni es nada y creo que mi hermano estaba compinchado con él.
—¿Cómo le arruinaron?
—Había que gestionar una herencia de un tío mío de muchos millones. Y para empezar a pagar los gastos yo iba adelantando dinero. Al final hasta vendí mi casa de Can Puiggener.
—¿Ha dicho estafador de guante blanco?
—Un vividor. Un tio que va siempre bien vestido, coches caros, dame dinero, dame un poco más, ahora un poco más... me sacó (se queda sin habla)... me lo sacó todo, ¡todo!
—¿Quién se quedó esa herencia?
—Todavía nadie. Ahora un primo mío la gestiona con un abogado de Barcelona, que ése sí es de verdad.
—Le quedaba el piso.
—Se debía dinero y tuve que venderlo.
—¿Y su mujer?
—Se fue a casa de sus padres con mi hija.
—¿Y usted a dónde fué?
—A una pensión. Pero cuando ya no pude pagar me echaron a la calle y no me dejaron llevar ni la ropa.
—¿De quién es pues esta ropa?
—Esta chaqueta es de los vecinos de esta calle y... (solloza) y los zapatos también.
—¿Mendiga?
—No pido nada a nadie. Pero ellos me dan.
—¿Le cuidan los vecinos de Pau Rigalt?
—Son muy buena gente. Un hombre que vive ahí delante me da bocadillos.
—Pero también hay quien dice «si le seguís alimentando nunca se va a ir de aqui».
—Normal que lo digan.
—¿Por qué permite su mujer su estado actual?
—No lo sé. Cuando ya no había un duro, me dejó.
—Ella dirá que usted le ha hecho algo.
—Pues lo dirá, no lo sé.
—¿La pegaba? ¿La engañaba? ¿Usted bebía?
—No. Gloria nunca dirá eso porque sería una mentira muy grande. Sólo un día tuvimos una bronca gorda al final. La única en 15 años. Pero por una bronca no te echan de casa.
—¿Y sus padres?
—Mi madre murió cuando yo tenía 17 años y mi padre... se fue. Tengo otros hermanos pero como si nos los tuviera. No me ayuda nadie.
—¿Cómo perdió el trabajo?
—A causa de eso, cogí la baja por depresión y ya no pude volver.
—¿Tenía antecedentes de depresión?
—Ninguno. Siempre había estado muy sano.
—Dicen los vecinos que no se mueve usted de aqui
—Sólo voy hasta esa esquina y vuelvo.
—¡Cuidado! ¿No ha visto que venía un coche?
—Pfff.
—¿Por qué ha elegido esta calle?
—Mi niña va a ese colegio de ahí (Servator).
—¿Va a verla?
—Ya no porque el otro día vino aquí mi suegro gritando que no fuera nunca más a la escuela. Y ya no me acerco.
—¿Puedo hacer algo por usted?
—No (llora y llora)
—¿No tiene amigos?
—Conozco a muchos de la Policia Municipal y han venido a verme. Me dicen que vaya a Jefatura a lavarme o a dormir. Pero yo quiero quedarme aqui.
—¿Pero qué quiere usted?
—Matarme. Sólo quiero matarme.
Ya lo hubiera hecho
RESPONSABLES
Nuestra sociedad dispone de recursos económicos y humanos para que este hombre no tenga que pasar noches cada vez más frías en la calle.
Seguro que su historia no es toda la historia, pero este hombre está perdido, confuso. Su miseria material y moral es de espanto. No le queda dignidad ni conciencia.
Si de verdad quisiera morir no pediría «marlboro corto para fumar menos». Pero una pulmonía o un conductor corto de vista se lo pueden llevar por delante y... ahora ya lo sabemos todos. ¿Responsables?