Julián Martín, exhumación de fusilados
«Quien no quiere remover el pasado es porque no le interesa»
11-11-2006

Tras 14 años de gestiones, el sabadellense y ex-trabajador de la Unidad Hermética, Julián Martín Pérez, 56, ha podido por fin enterrar con dignidad el cadáver de su tío. Los falangistas le habían ejecutado en agosto de 1936 y le abandonaron en una cuneta de Valladolid.

Julián Martín, exhumación de fusilados

—¿Cuál es la historia de su tío?
—Era el mayor de cinco hermanos y el barbero de Ataquines (Valladolid). Al mes del Alzamiento Nacional unos falangistas le apresaron.
—¿Por rojo?
—Era republicano, militante socialista y con cargo en la Casa del Pueblo. Se llevaron a él y diez más.
—¿A dónde?
—Al calabozo de Ataquines. Los torturaron y al dia siguiente, el 29 de agosto de 1936 los montaron en un furgoneta, pararon en el kilómetro 19 de la carretera de Peñaranda y los ejecutaron con dos o tres tiros a cada uno.
—¿Los abandonaron allí?
—Sí. Dijeron al alcalde de Fuente el Sol que los habían dejado ahí y que los enterraran.
—¿Lo hicieron?
—El cura de Fuente el Sol se negó a enterrar republicanos en «su» cementerio, que era propiedad de la Iglesia. Así que cavaron una zanja junto a la tapia exterior del cementerio, como una fosa común, y ahí los enterraron.
—¿Ha reconstruído usted toda la historia?
—Sí y me ha costado años porque hablar con los vecinos aún supone abrir heridas. Muchos no quieren saber nada.
—Su padre, y hermano del ejecutado, le daría información.
—Tampoco. Mi padre jamás quiso hablar del tema. Vivió toda su vida marcado por el dolor de la muerte de su hermano, pero nunca quiso recordar. Ni mi tía tampoco.
—¿Cómo sabe que les torturaron?
—Aún hay vecinos vivos que recuerdan los gritos de aquella noche.
—¿Cómo supo el lugar exacto donde les enterraron?
—Por otro vecino. En 1992 paseaba yo cerca del cementerio de Fuente el Sol y un campesino, un hombre mayor en bicicleta, se paró a hablar conmigo. Resultó que lo sabía todo. Yo creo que incluso lo había visto.
—Y usted se propuso desenterrar los restos de su tío y darles digna sepultura, ¿correcto?
—Así es.
—¿Se lo pedía su padre?
—Nunca. Al revés, él me decía que olvidara el tema. Pero creo que hoy tanto él como tía me lo agradecen desde el cielo.
—¿Cuáles son los trámites?
—Lo primero que hice fue plantar en aquel lugar una cruz y una corona de flores con lo que ya nadie podía ignorar lo que había ahí.
—¿Y lo segundo?
—Ir al Ayuntamiento de Ataquines. Informé de que once cadaveres del pueblo se encontraban allí y solicité, por escrito, trasladarlos al cementerio de Ataquines.
—¿Le ayudaron?
—No mucho porque el alcalde de Ataquines es del PP y el criterio del PP es no remover esos asuntos.
—¿Mala conciencia?
—Desde luego quien no quiere remover el pasado es porque no le interesa. Pero sigamos con el asunto.
—Sí, mejor seguir.
—En 1995 solicité el certificado de defunción fuera de plazo, pero me lo denegaron por falta de testigos.
—Dificulktades interfesadas.
—Da esa sensación. Cuando ya no sabía qué hacer, en el 2002 me dirigí a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.
—¿Fue la solución?
—Sí, me hice socio, contacté con la historiadora de la comarca Medina Pinares y, en el 2003, desencallan el tema y me pidieron los datos físicos de mi tío.
—¿Para identificar el cadáver?
—Sí. Por la cartilla militar supe la estatura y otros datos físicos que luego sirvieron al forense. Y la asociación consiguió el permiso para la exhumación.
—Así de fácil.
—Sí porque el Ayuntamiento de Fuente el Sol entonces era socialista y no puso ninguna pega. En febrero del 2005 se hizo una cata en la tierra, se vio que había huesos y aquel mes de marzo se hizo la exhumación.
—¿Cómo?
—Lo hacen arqueólogos y voluntarios de la Asociación con pico, pala y cepillo, con mucho respeto y muy poco a poco.
—¿Aparecieron los cadáveres?
—Al tercer día. Ahí estaban los once esqueletos. En fila, boca arriba y a menos de un metro de profundidad. Con las piernas abiertas y la cabeza de uno en el vientre del otro.
—¿Identificásteis a cada uno?
—Más o menos. No hubo dinero para ADN, pero se conocía la edad y altura de cada uno y, con esos y otros datos, al final cada familia recibió una urna con restos mortales.
—Qué es ese pin que lleva en la solapa (foto)?
—Urumdgha, el ancestro del hombre, símbolo de la memoria histórica que es lo más importante de nuestra vida.
No olvidamos
70 AÑOS DESPUÉS
En el larguísismo proceso de dignificar la muerte de su tío, Julián Martín ha tenido la sensación, en algunos momentos de que, 70 años después, persisten en España tics de la guerra civil.
El dia previsto para enterrar con toda solemnidad a los once ejecutados, después de un homenaje oficial con acto religioso, encontraron el cementerio de Ataquines cerrado con llave por orden de una juez de paz tan puntillosa como sospechosa. Hubo que posponer el entierro.