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Margarita Fresco, fotógrafa cubana
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«Cuando disparo con mi cámara
entro en trance |
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30-11-2006
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Vecina de Sabadell desde hace casi un año, la fotógrafa cubana, Gloria Margarita Fresco Crespo, 57, expone estos días en la sala Ambito Cultural de El Corte Inglés, retratos de los músicos del Callejón de Hamel, en La Habana. |
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| Por su elegancia y distinción se diría que es usted una cubana de clase alta... si es que eso existe Muchas gracias (ríe), pero eso no existe. Allí todos somos iguales Ya, pero... Quizás sea el nivel de escolaridad que en Cuba es bastante alto o que con la clase se nace. Pero mi padre era carpintero y mi mamá recepcionista en un ministerio. Y usted fotógrafa. En realidad secretaria en una empresa turística. Pero cada sábado y domingo salía a fotografiar La Habana. Todo me enamoraba y disparaba hasta desde la ventanilla de la guagua. ¿El autobús? Eso, el autobús. Y si veía una puesta de sol impresionante con ese disco rojo encendido que asoma por el horizonte le digo al chófer oye para un momento. ¿Y para? Claro. Los cubanos somos así. Todo el mundo se rinde al arte. Una buena puesta de sol no es fácil de fotografiar. Yo le pongo más pasión que tecnicismo. Mi fotografía es muy naïf, natural, muy emotiva. Cuando disparo entro en trance. Eso dicen los que me ven. ¿Me lo explica? No escucho nada, no veo nada, se me desata la intuición y sólo fotografio. Caramba. Cuando llego cada domingo al callejón de Hamel me abstraigo de todo, me pongo a sudar por la emoción. Sólo veo imágenes, un rostro, una cadera, un movimiento. Disparo como una posesa. ¿Pero qué es el Callejón de Hamel? El mural artístico más grande del mundo. Toda las fachadas de la calle y edificios aledaños están pintadas con motivos afrocubanos. Pues en estas fotos sólo hay músicos. Porque cada domingo de 12 a 3 de la tarde hay música. Era una costumbre pero ya se ha convertido en atracción turística. ¿Quiénes son ésas? Un grupo de mujeres que son fabulosas tocando rumba, cantando rumba y bailando rumba. ¿Y ése? Toca los tambores como transportado, ¿ve?. Se transforma. Ellos también caen en trance y éso es lo que yo trato de captar: la pasión. ¿Siempre rumba? Son cánticos religiosos, temas yorubas, oraciones a todos los santos afrocubanos: Yemayá, Ochun, Ofí... ¿Y a sus equivalentes cristianos? Claro. Orumila es San Francisco de Asís, Ohum San Pedro, Changó Santa Bárbara y Oratalá la Virgen de las Mercedes. ¿Retoca las fotos? Jamás. Yo soy analógica porque estoy enamorada de esta Canon EOS 500. Me costó mucho sacrificio comprarla. Ya es mi compañera perfecta. Puro naif. Esta foto no parece tan naif. Seguro que está preparada. Le aseguro que no. Pues es mucha casualidad que un niño se ponga tan solitario justo delante de un grafiti que dice «El niño de Hamel entra y sale del Callejón y nadie le ve». Es un niño que siempre anda detrás de mi porque dice que huelo a vainilla. Y un gran bailador de rumba. Se puso ahí, lo ví de lejos y ¡flac! disparé. ¿Qué hace una bañera rosa subida ahí arriba? La gente coge bañeras las pinta las transforma y las expone. Los bancos para sentarse en el callejón son también bañeras adaptadas. Cada una tiene su nombre. ¿Por ejemplo? Pues hay una bañera azul transformada en caballito de mar que se llama la Nave del Olvido. Hablando de naves ¿Pasó ya el éxodo balsero? No. Constantemente está huyendo gente de Cuba a Miami. Fidel está malo. ¿Desea que muera para que todo cambie? No deseo a nadie lo que no quiero para mi. ¿Se ha adaptado a Sabadell? La nostalgia por la isla siempre nos acompaña, pero me adapto gracias a mi marido, sus tremendas cualidades humanas, tanta bondad y tanta paciencia para soportar una cubana hiperquinética (ríe), hiperactiva. ¿Y los sabadellenses? Todo el agradecimiento para la gente de Sabadell que me ha dispensado una cálida acogida desde el principio. Nunca me sentí extraña. Dejó enterrado su corazón
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ALEGRÍA POSITIVA
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Conoció a su actual marido, el sabadellense Jaume Armengol, cuando estaba de turismo en La Habana y ella era secretaria ejecutiva de la empresa de transporte turístico, Transtour.
Surgió el amor y ella se vino a Catalunya dejando un hijo de 31 años, también fotógrafo, en Toronto. Como todos los cubanos, también ella añora bárbaramente la calidez y la luz de su tierra. Sobrelleva la nostalgia con esa alegría positiva y simpática sabiduría de la relajación que da a los cubanos tanto hablar, razonar, psicoanalizar... y bailar. |
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