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Jaqueline Moreno, el trueque en Colombia
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«Hemos hecho una revolución
sin armas» |
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26-1-2008
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ECando Jaqueline Moreno Mendoza, 34, llegó al barrio de Bogotá conocido como Gotas de Sangre «porque quien iba allí, volvía chorreando sangre», unos jóvenes jugaban a fútbol con una cabeza humana. Hoy, ocho años después, funciona allí el intercambio gratuito de servicios, un banco de microcréditos y nueve empresas comunitarias. |
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| ¿De verdad hemos de creer ese milagro de que usted ha erradicado la violencia en el barrio más peligroso de Bogotá en sólo ocho años? Yo no, la fundación Laudes Infantes. Parece un cuento de hadas. Más que un cuento de hadas es el país de nunca jamás. ¿Por los niños perdidos? Por la utopía. Cuando ahora muestro a algún visitante la comunidad de Bella Flor y le enseño como viven esas 1.200 familias... ¡no me lo creo ni yo! ¿De verdad no hay violencia? Se terminó. Es una realidad y tenemos que asumirla. No queda ni un grupo al margen de la ley. ¿Y la miseria? También se terminó. Hemos reconstruido personas y sueños. ¿Quien vivía allí? Familias desplazadas por la guerra, antiguos guerrilleros, delincuentes... todos llevan encima sus muertos, su agresividad, sus venganzas y su miedo. ¿Miedo a qué? Miedo a enfrentarse a una gran cuidad como Bogotá. Nuestro primer trabajo consistió sólamente en hacerles soñar y creer en sus sueños. ¿Sólo eso ya era difícil? Sí porque estaban con su autoestima en el piso Póngame un ejemplo. Esa mujer que, cuando yo llegué, no me miraba a los ojos. Tenía la vista fija en el suelo y por más que yo le buscaba, no encontraba sus ojos. ¿Había sufrido algún trauma? Todos los traumas. Había sido violentada, violada, maltratada, le mataron a su pareja... ¿Ya mira a la cara? Hoy es una líder nata que mira directamente a tus ojos. Es nuestra gerente empresarial en Laudes Infantes y si le preguntas te dirá: Aprendí a soñar. ¿No había allí luz ni agua? Nada. No era mas que un abismo de miseria y soledades. Hoy hay luz, agua y teléfono. Hemos transformado vertederos en parques comunitarios, tenemos dos bibliotecas, un comedor público para 500 personas, centro juvenil, refuerzo escolar... ¿Quiere decir escuelas? No. Quiero decir que niños de 7 años enseñan a niños de 3. ¿Y escuelas? El gobierno ha visto lo que hacemos y nos va a construir una escuela para 3.000 alumnos. Un gran logro para nosotros. ¿Cómo conseguisteis su confianza? Construyendo balones de fútbol para los niños con telas de la basura. ¿Habéis montado la sociedad del trueque? Allá no se ha regalado ni un pan. Todo se ha conseguido por el intercambio. Pero habéis creado una moneda del trueque ¿Eso no es trampa? Sólo es una moneda de madera, un pretexto para que las personas aprendan a administrarse. ¿Como empezasteis? Dando refuerzo escolar a los chicos en sus casas. Las madres nos lo agradecían recogiendo bolis y folios en la calle. Ése fue el primer intercambio. ¿Y el segundo? Si una mujer sabe cantar monta un coro y si sabe tejer dicta cursos con la lana de los suéteres de la basura. ¿Todo por monedas de madera? No. Si un hombre ayuda tres días a la semana en la guardería, él y sus hijos reciben comida gratis cada día en el comedor público. La moneda sólo facilita esa contabilidad, ¿Y si falla un día en la guardería? Recuperará haciendo títeres a los niños, trabajando en la huerta comunitaria, o haciendo de basurero lo que, por cierto, hacemos todos por turnos. ¿Habéis creado un micro-socialismo dentro del capitalismo? Sí, porque no hay estratos sociales. Pero un socialismo democrático porque los 86 líderes comunitarios son renovados por votación cada dos años. ¿Una revolución? Sí, pero sin armarnos, ni romper vidrios. Sólo con la fuerza de los sueños. ¿Socialismo con empresas? Sólo son nueve empresas comunitarias para pan textil (bolsos y ropa), botánica (cremas de caracol y champús), ebanistería (muebles)... Dreamworks |
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MADRE A LOS 16
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Yo no fui madre por accidente ni por un descuido. Tuve mi primer hijo a los 16 años porque quise tenerlo. Mi compañero y yo pensábamos que era como hacer una revolución social. Así, además, me obligaba a mí misma a quedarme en Colombia y no huir a Africa o Índia», cuenta Jacky.
Además de ser madre, ella, a los 16 años, ya tenía dos trabajos e iba a la universidad porque«en mi país las niñas crecemos muy pronto. A los 12 años yo ya daba charlas a niños de la calle». |
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