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Ivan y Beatriz: boda en Las Vegas
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«Ir a Las Vegas y no casarte
es como ir a Cádiz y no tomarte una manzanilla» |
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1-2-2008
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Una de las mayores industrias de Las Vegas (Nevada), después del juego, son las bodas. Cada día se casan allí 400 parejas a toda velocidad. Los vecinos de Torre-romeu, Iván Porcel Arredondo, 32, y Beatriz Solana López, 29, se disfrazaron de Elvis y Marylin. |
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| ¿Hacía falta vestirse de Marilyn y Elvis? Hombre, es la gracia. ¿Había otros disfraces? En la capilla Hollywood a la que fuimos nosotros, sólo esos dos. Se os ve muy puestos. A mi el vestido me quedaba perfecto (ella) y nunca me había visto de rubia platino. Y a él las patillazas ésas pegadas a las gafas no veas (ríe). En alguna foto (él) parezco mas un camarero que Elvis, pero bueno ¿Quieres ver el vídeo? Lo tenemos en el móvil: los 15 minutos enteros de ceremonia. Vale, sólo un poquito. (Saca su PDA) ¿Ves? yo la esperaba con el cura y ella salió bailando el Viva Las Vegas de Elvis. ¿Y este señor es cura de verdad o un actor disfrazado? Ellos le llaman minister, pero mucha pinta de cura no tiene, la verdad. ¿No se os escapaba la risa por debajo de la nariz? No creas, era todo bastante solemne. Al principio estábamos nerviosillos. Al final ya nos lo tomábamos a guasa. ¿Tanto os gustan Elvis y Marilyn? Nos gusta Estados Unidos en general. Sobre todo a mi (él). Yo si encuentro trabajo me voy a vivir allí sin pensarlo. Siendo solador puedes encontrarlo. Ya. Me paraba en todas las obras a hablar con albañiles y encargados. A todos les preguntaba y ya tengo contactos. Mira si le gusta América (dice ella) que va con gorra desde pequeño. Y no es calvo ¿eh? (le saca la gorra para que vea su frondosa cabellera) ¿Pero cómo se os ocurre casaros en Las Vegas? Porque el año pasado estuvimos en San Francisco y sólo pudimos pasar dos días en Las Vegas. Nos gustó tanto que ahora hemos vuelto con tiempo para verlo más tranquilamente. «Este año voy y me caso», decíamos. ¿Pero no estabais ya casados? Sí, sí. Sólo hicimos renovación de votos. Sale más barato. ¿Os hubierais casado por primera vez? Hombre claro. Es que ir a Las Vegas y no casarte es como ir a Andalucía y no tomarte unas tapas con fino (ella). Ahí está. O como ir a Cádiz y no tomarte una manzanilla (él). ¿Es legal, en España, una boda en Las Vegas? Claro. Como si te casas en Francia. Ellos van a sus juzgados y te dan un certificado totalmente legal. Luego con eso tu ya haces aquí tus papeles. ¿Cuanto cuesta casarse? Mira (enseña un catálogo). La boda básica 140 dólares. Pero con eso sólo te entra una foto y la música. En las de mil dólares te ponen hasta público. ¿Queréis decir invitados de mentira? Sí, sí. Según lo que pagues te ponen 25 o 50 extras bien elegantes que hacen de invitados. Es todo un paripé muy divertido. ¿Cuántos os pusieron a vosotros? Ninguno. No podíamos pagarlo. ¿Para qué si ya teníamos a nuestras hijas que hasta nos hicieron de testigos? (ríen). Una boda medianita, vaya. La de 260 dólares. Con eso entra disfraz, 24 fotos, vídeo, música, flores y ministro. ¿Qué más dan en una boda de mil dólares? Limusina, conexión a internet para que te vea tu familia en directo... lo que quieras. ¿Puedes pedir rito tailandés? Pagando lo que quieras. Hasta puedes casarte en helicóptero, tirándote en puenting, en un crucero por el lago Mead o sin salir del coche en un Tunel of Love. ¿A cuánto va el arroz a la salida? No lo sé, pero en América pagando tienes cualquier cosa que te salga de la cabeza. ¿Mucha capilla para elegir? Una en cada hotel, como una tienda más, pero ésas son muy frías. Las casitas en la calle dan más ilusión. ¿Cualquier idioma? Nosotros pedimos español, pero sólo nos dijo en castellano lo del anillo y puede besar a la novia. ¿Tuvo también su guasa la noche de bodas? No porque ya era la última. Pero por 30 dólares puedes quedarte en un aparthotel al lado de la capilla con su piscinita y todo. Can’t help falling in love |
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SOSPECHOSO DE VIRUS
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Los primeros días en L.V., unas anginas pusieron a Iván a 40 de fiebre.
«En recepción ya me vieron enfermo y esa noche aporrean la puerta de la habitación, entran diez inspectores con guantes de látex, analizan todo lo que habíamos tocado y me llevan al hospital en ambulancia. Allí me lo miraron todo menos las dos placas de pus de mi garganta. Después de ocho horas de pruebas vieron que no había entrado en el país ningún virus extranjero y me devolvieron al hotel sin ni siquiera mirarme las anginas». |
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