Carlos H. Valencia, víctima de mina antipersona
«Lo que más deseo es volver estudiar»
5-3-2008

Hoy será operado en el Hospital Taulí. Gracias a la Fundación Pax, al niño colombiano que perdió un pie al pisar una mina, Carlos Humberto Valencia Bañol, 14, se le reimplantará una prótesis que le permitirá andar.
Llegado de Planadas Tolima hace una semana en compañía de un miembro colombiano de Pax, vive estos días en el hogar sabadellense de Mariano y Victoria, a sus lados en la foto.

Carlos H. Valencia, víctima de mina antipersona
—¿Cómo perdiste el pie?
—Había una mina anti-persona bajo tierra y el 17 de julio, al volver del colegio, la pisé.
—¿Y?
—Y explotó. Me saltaron esquirlas por todo el cuerpo.
—¿Esquirlas de qué?
—Tornillos, hierros, puntillas... a veces ponen hasta estiercol humano para que se infecten las heridas.
—¿Las heridas son de esa metralla?
—Así es. Tengo cicatrices en el cuello, la nariz, los dedos (las va enseñando) y una me dio en el ojo y me lo cegó.
—¿Cómo te curaron?
—Me trasladaron urgentemente a mi pueblo, Gaitamia. De allí a Planadas y de Planadas en avioneta al Hospital de Neiba donde estuve dos meses ingresado.
—¿Quien puso ahí una mina?
—Las FARC.
—¿Para herir soldados?
—Para el que caiga.
—¿Qué ganan las FARC lesionándote a ti?
—Nada. Pero si cae el ejército sí que ganan.
—¿Qué ha cambiado en tu vida desde entonces?
—Ya no puedo sembrar ni recoger café, maíz o fríjoles.
—¿Qué más cambió?
—Ya no puedo correr. Me gusta mucho el fútbol y soy arquero (portero). Pero sin pie, imposible.
—¿Cambió algo más?
—No puedo ir al colegio. Está alejado de mi finca y me han dicho que mejor no fuera.
—¿Volverás a hacer todo eso con la pierna nueva?
—Sí, volveré a correr, montar bici, manejar moto. Es una prótesis telescópica (le ayuda Carlos Pursals de Pax, con corbata en la foto) que se irá ajustando a la pierna a medida que vaya creciendo. ¡Podré trabajar en el campo!
—Parece que tengas más ganas de trabajas que de jugar.
—De lo que más ganas tengo es de estudiar.
—¿Estudiar qué?
—Ingeniero de petróleos.
—Qué rápido lo has dicho.
—Es una carrera muy buena, muy entretenida. Siempre tratas con computadoras, haces cáculos y a mi eso me gusta.
—¿Se te dan bien las matemáticas?
—Hay unas cosas. Otras de pronto van un poquito mal.
—Pero mates e informática ligan con muchas otras carreras ¿Por qué precisamente ingeniero de petróleos?
—Porque me contaron una historia de un muchacho que tuvo un accidente de coche y quedó cojo como yo. Pero lo superó, estudió mucho y hoy es ingeniero de petróleos. (Victoria dice que es un crack de las nuevas tecnologías, un maestro de la Wii y que le ha encontrado funciones insospechadas a su móbil).
—¿De verdad ibas loco por un móbil?
—Es lo primero que le pedí prestado a Victoria nada mas bajar del avión. Vieron que me gustaba tanto que me regalaron uno por mi cumpleaños.
—¿Cuándo fue?
—¡Hoy! (sonriendo) ¿No me trajiste el regalo? (ríe con picardía).
—Lo siento, fallé. ¿Cómo conociste la Fundación Pax?
—Cuando estaba en el hospital de Neiba, me ofrecieron venir a España, pero yo pensaba que pronto se fuera a caer el avión.
—¿Temías volar?
—Sí (ríe), pero cuando pasó el tiempo ya se me olvidó. Dormí bien en el avión.
—¿Qué te ha sorprendido de Sabadell?
—La gente que hablan muy raro, puro catalán. Y las comidas son muy raras: la sopa, la carne... Pero muy buenas. Yo nunca había comido jamón o chorizo así crudo. Sólo frito.
—Te llevaron a Barcelona.
—Ayer (domingo) ví la Sagrada Familia. Pero apenas pude ver el mar porque había una maratón que cortaba todas las calles. Lo veremos otro día. Muy fea toda la ciudad (sonríe pillo).
—¿No te gustó Barcelona?
—¡Sííí! Muy hermosa, hombre. Bromeaba.
—¿Qué tal la familia de acogida?
—Muy buena gente. Mariano, Victoria, su hijo Carlos de 26 años, la abuela, todos muy formales. ¡Y me han dado una habitación sólo para mi!
—Con tele y todo, me dicen.
—Sí (entusiasta). Les descubrí el canal colombiano del Digital que ni sabían que tenían. Y me han dejado una Wii con la que ya gané ocho medallas.
—¡Pero qué mimado!
—Si me ofrecen hay que recibirlo.
Por no hacer un feo, vaya
ARQUERO
Las muletas no le impiden moverse con una agilidad asombrosa.
Mientras paseamos por el Parc Catalunya, corre adelante y atrás, se oculta entre los árboles para asustarnos, se encarama a las rocas y bancos como un niño travieso e hiperactivo y sube los escalones más altos con tanta habilidad como alegría.
Seguro que antes de perder el pie era un excelente arquero de futbol. Seguro que lo volverá a ser.