Pilar Vicente, extremeña chistosa

"MIENTRAS TE RIES NO PIENSAS EN LOS PROBLEMAS"




Pilar Fernández ganó el concurso de chistes de la Casa Extremeña.

Las mujeres, cuando estamos a solas, perdemos la vergüenza y explicamos chistes verdes fuertes, pero fuertes

La simpática cacereña de Plasencia y barberense desde 1975, Pilar Fernández Vicente, 34, ganó el concurso de chistes que la Casa Extremeña de Barberà organizó la noche del pasado sábado en su espléndido local. Se las tuvo con quince rivales, pero el jurado, que era el público, la votó a ella por unanimidad.
-Cuénteme el chiste vencedor.
-Esto es dos monjas que salen del convento y ven un hombre meando en la puerta. "Pero, hombre de Dios cómo hace usted eso", le dicen. "Mire, hermana, que no podía aguantar mas y... Total que las dos monjitas, con la excusa de que nunca han visto esas cosas, le piden al hombre que les enseñe eso, solo para verlo, y si no, lo denuncian. El hombre se lo enseña (ella alarga el chiste con florituras y detalles simpáticos) hasta que la monjita dice ¿y esas bolitas?... y las coge así (toma una bola imaginaria con cada mano y golpeándolas entre sí dice con tono de reñir a un niño y al mismo ritmo que las golpe)en-la-puer-ta-del-con-ven-to-no-se-mea. (rie)
-...
-El chiste es muy tonto (como disculpándose) ya lo sé, pero eso fue el chiste que conté. Se ve que les hizo gracia. Es más el gesto que contarlo, ¿no?
-Y que usted lo cuenta con mucha gracia o es que es verde.
-Bueno, es inocente. En plan verde, los hubo mucho peores.
-Pero usted ganó con éste.
-Si, pero yo no quería ni participar. Solo salí como espontánea y fuera de concurso. Cuando ya habían pasado todos los concursantes, dijeron si quería salir alguien más. Y, como yo me acordaba de un par, subí al escenario y los conté, pero sin querer participar.
-¿Cómo fue el recuento?
-Pues ahí estuvo mi sorpresa. Cuando ya estaba yo en el bar, salieron a decirme que había ganado; que el público había votado mi chiste a mano alzada.
-Ese y algún otro.
-Si, también conté el del mudo.
-Por favor.
-Esto es uno que sustituye a su amigo en un bar y le dicen que el único problema es un cliente mudo, "pero tú verás que, si da un golpe en la mesa, es que quiere una cerveza y, si da dos, un café, no tiene problema". "Pues vale -dice- muy bien". En eso que llega el mudo, da un golpe en la barra y le da una cerveza. Dos golpes, dos cervezas, tres, cuatro y así hasta cinco y se queda el mudo así con la boca abierta y mirando al techo. El hombre, asustado, llama a su amigo por teléfono y le dice:"oye, que se ha quedado el mudo con la boca abierta". Dice el otro:"mírale el cuello a ver si tiene las venas hinchadas". Y contesta: "pues ahora que lo dice si que las tiene hinchadas, si". Dice:"pues entonces dejale, que eso es que está cantando".
-(Reímos los dos). Éste me ha gustado más.
-A mí, cuando me lo contaron, me dejó hecha polvo de tanto reir. Pero, mira, a ellos les gustó más el de las monjitas.
-¿Los extremeños tenéis más sentido del humor?
-Tanto como los andaluces o los catalanes.
-¿Los catalanes tienen sentido del humor?
-Claro que sí. ¡Anda! Pues será que no conozco yo personas catalanas que tienen más sentido del humor que yo.
-Necesitamos reir?
-Si. Mientras ríes, no piensas en los problemas. Por lo menos ese ratillo...
-¿La risa cura?
-En parte, si. A lo mejor no todo, pero si te olvidas del dolor durante un rato, ya está bien.
-¿Que le parecen los chistes de negros?
-Reconozco que me reído con ellos; pero, después de reirte, te queda ese mal sabor. No. No me gustan. Ni me gustan ni nunca los cuento.
-Ahora están de moda los machistas y hembristas.
-Aquí, en el concurso, se contó alguno machista y precisamente por parte de unas niñas de la propia Casa de Extremadura. Pero no gustaron mucho. Yo misma me sumé al abucheo. No me gustan.
-¿Los hembristas tampoco?
-Tampoco. Eso ya está pasado de moda. Ahora ya no existe eso.
-¿Que le parece Chiquito de la Calz...?
-Es un humor que de momento se pega, pero no va más lejos de una temporada. No me hace gracia.
-¿Eugenio?
-Tampoco
-¡No le gusta nadie!
-Me gustan muchos; por ejemplo, Pedro Reyes, que tiene un humor muy absurdo, pero muy bueno.
-¿Por qué apenas hay humoristas mujeres?
-Por vergüenza. Pero a mí me gusta esa chavala, como se llama... ¡Paz Padilla! Esa también me gusta mucho.
-Pero hay pocas. ¿El chiste es cosa de hombres?
-Yo creo que no. Aquí, en la Casa Extremeña, se juntan una "colla" de mujeres que cuentan chistes fuertes, pero fuertes. Una vez un hombre que nos estuvo escuchando se tuvo que ir de la vergüenza. Y aún nos lo recuerda cada vez que nos ve (rie). Cuando estamos solas, las mujeres perdemos la vergüenza.
-¿Es un chiste?.